sábado 15/8/20
CULTURA

Las 365 maneras de mirar una catedral

El leonés Félix de la Concha expone 40 obras inéditas de la catedral de Pittsburgh, cuya Universidad creo una sala para él
Las 365 maneras de mirar una catedral

Félix de la Concha es uno de esos artista a los que hay que envidiar. Cada proyecto en el que se embarca resulta una empresa tan fascinante como titánica. Su trayectoria parece más la de un atleta que va conquistando retos cada vez más imposibles. Hazañas —en tiempo y esfuerzo—, como cuando se le ocurrió ‘rescatar’ a los supervivientes del Holocausto. Cuarenta víctimas de Auschwitz desfilaron ante el artista leonés, personas que intentan recordar a pesar de todo. Una serie que tituló Retratos con conversación. Un plan que tal vez concibió en las rápidas sesiones de la Semana Negra de Gijón, donde pintaba y entrevistaba a los grandes escritores de novela policíaca, como Petros Márkaris. Leonardo Padura o Juan Madrid.

En la universidad suiza de Sankt Gallen colgó A través del espejo, una obra de diez metros que abarca 360 grados de paisaje. «Como si Dios mismo mirara un paisaje». En Painting Iowa a pleno sol, pese al título engañoso, estuvo un año plasmando a 25 grados bajo cero lon inmensos paisajes de las granjas de la Norteamérica profunda.

Cuando se instaló en Pittsburgh en 1999, llevó a cabo la tarea heroica de pintar su catedral durante todo un año. Un trabajo que expuso sin concluir en el Carnegie Museum of Art con el título One a day. 365 Views of the Cathedral of Learning, Cuando se inauguró, le faltaban 50 días para completar la serie, así que colocó 50 lienzos en blanco. «Y cada día fui sustituyéndolos por el que iba pintando».

En la ciudad la muestra batió records de visitas y «la Universidad de Pittsburgh compró las 365 obras. Remodelaron una sala para exponerlas de forma permanente, en otro edificio histórico, el antiguo Templo Masónico, que está justo enfrente de la catedral. Y allí siguen»,

Dieciséis años después muestra en la misma ciudad el «excedente» de aquella serie. «Aunque no perdí ningún día del año y completé los 365 con sus respectivas vistas de la Catedral, cada sesión no me podía llevar más de dos o tres horas. Cada jornada tenía que captar un momento fugaz, una luz que no permanece quieta. Lo que se llama alla prima. Después de dos horas, todas las sombras son completamente distintas», explica.

Pero hubo tardes en las que se sintió con fuerzas y siguió pintando una más y hasta tres obras. Al final reunió unos 400 cuadros. «Ese ‘superávit’ no lo llegué nunca a exponer». Hasta ahora. Los 40 cuadros ‘sobrantes’ de aquella colosal serie sobre Catedral los exhibe desde ayer en la Concept Art Gallery, junto a otra serie que De la Concha pintó el verano pasado en Swissvale, un barrio de Pittsburgh.

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