martes 22/9/20

Los armiños que habitan en el Palacio de Grajal

No solo hay hipopótamos en la escalera, en el gran palacio renacentista de Grajal de Campos también habitan armiños y aves del paraíso
Los alumnos de la Escuela de Arte durante su trabajo diario. JORGE MARTÍNEZ MONTERO
Los alumnos de la Escuela de Arte durante su trabajo diario. JORGE MARTÍNEZ MONTERO

En el Palacio de Grajal de Campos trabajan actualmente dos equipos de restauradores. Diez alumnos de las Enseñanzas Artísticas Superiores en Conservación y Restauración están llevando a cabo una labor minuciosa e impagable. Han empezado a rescatar, bajo una gruesa capa de encalado, exóticas criaturas en un edificio que no tuvo rival en León. Están concentrados en el gran salón de recepciones, anexo a la escalera y el oratorio. Es su tercera campaña en el Palacio de los señores de Vega.

En la planta baja de este inmueble renacentista con sabor italiano actúa otro equipo, dirigido por Ramón Cañas, arquitecto responsable del Plan Director del Palacio de Grajal. Pretenden recuperar las habitaciones que dan al corredor, para albergar actividades culturales, congresos y exposiciones. La obra, con un presupuesto de 144.000 euros, adjudicada a la empresa Decolesa, forma parte del programa auspiciado por Diputación y denominado Varatiel —nombre de un pueblo desaparecido—, cuyo objetivo es dar una oportunidad a monumentos que el abandono, la desidia o la falta de inversiones convirtieron en ruina.

Gracias a un convenio entre la Junta y el Ayuntamiento de Grajal, que sufraga los materiales, los alumnos de la Escuela de Arte pueden practicar sus conocimientos en un monumento real. Sin su intervención sería muy costoso sacar a la luz las yeserías, azulejería y pinturas murales que permanecían ocultas. En el oratorio, en el fondo de un altar que se desmontó hace mucho tiempo, han dejado al descubierto las pinturas originales, en las que se aprecia el escudo de los nobles propietarios. Hoy el palacio es de titularidad municipal.

En el salón principal están finalizando las yeserías y extrayendo los morteros. También trabajan en la puerta de esta estancia que comunica las dependencias de los nobles y la zona de recepción, decorada con aves del paraíso y grutescos —ornamentos en los que abundan los animales, quimeras y follajes—.

Fauna del salón

En la chimenea del salón han aparecido armiños, emblema de los Vega, la familia que erigió el palacio. Recuperar la inmensa fauna y los ricos elementos ornamentales del palacio será «cuestión de muchos años». Así lo cree Jorge Martínez Montero, profesor de Historia del Arte de la Escuela de Arte y del Departamento de Patrimonio Artístico y Documental de la Universidad de León.

En otra planta del edificio Decolesa acaba de iniciar los trabajos para recuperar un salón, de unos 200 metros cuadrados, que el Ayuntamiento —titular del inmueble— quiere destinar a actividades culturales, congresos y exposiciones. Será la primera vez que se intervenga en esta zona del monumento.

Pese a que actualmente dos equipos trabajan en salvar varias estancias, la labor que aún resta para completar la restauración de un palacio de 3.200 metros cuadrados es ingente. Ramón Cañas estima que más de la mitad del palacio está sin rehabilitar. En en ala Norte, por ejemplo, nunca se ha actuado.

El Palacio de Grajal de Campos es un auténtica ‘rareza’, fruto del carácter de su primer propietario, Hernando de Vega, que encomendó la construcción a los arquitectos Cristóbal y Lorenzo de Adonza. De Vega, hombre de confianza de Carlos I, viajó por toda Europa y se empapó de las nuevas ideas renacentistas para aplicarlas a su ‘mansión’ de Grajal.

El palacio lo concluirá en una segunda fase su hijo Juan de Vega, embajador ante la Santa Sede y virrey de Sicilia. La escalera está decorada con motivos simbólicos como los hipopótamos alados, que representan la toma de Túnez en la que se utilizó artillería anfibia.

El interior del palacio muestra verdaderas maravillas arquitectónicas, como las arcadas, las cornisas, los balaustres y el corredor. Del ingente mobiliario que un día decoró las estancias, piezas todas ellas exquisitas, no ha quedado nada.

Los armiños que habitan en el Palacio de Grajal