jueves 24/9/20
CULTURA

Azcárate, Cossío y Sorolla

El retrato de Gumersino de Azcárate lo realizó pocos meses antes del fallecimiento del intelectual leonés, mientras que no pudo acabar el que tenía proyectado de Giner de los Ríos. La Institución Libre de Enseñanza influyó de manera destacada en el salto que el pintor valenciano acometió por su relación con el mecenas norteamericano Archer Milton Huntington. De hecho, la mecha para su aventura americana fue un retrato que realizó de Manuel Bartolomé Cossío.
Azcárate, Cossío y Sorolla

Un año después de que se cumplieran los 150 del nacimiento de Joaquín Sorolla, la Fundación Mapfre reúne algunas de las obras más cosmopolitas del genial creador. Muchos de los 150 lienzos —muchos de los cuales nunca se han visto en España— han sido cedidos por grandes museos y colecciones americanas, como los neoyorquinos Metropolitan, Brooklyn Museum, The Morgan Library, los museos de Boston, Filadelfia y Los Ángeles y, por supuesto, la Hispanic Society, el lugar en el que todo empezó, el crisol que convirtió a Sorolla en un artista mundial. En la muestra pueden verse algunas de las escenas españolas que, como Campesinos de León, presiden la institución de Archer Huntington en Manhattan.

Sorolla se sintió un pintor internacional desde los inicios de su carrera, como evidencia que años antes de su salto a Estados Unidos algunas de sus mejores obras ya formaran parte de las colecciones americanas. Pero son pocos los que saben de qué manera comenzó la amistad entre Archer Huntington y Joaquín Sorolla, la relación que convirtió al maestro valenciano en un genio internacional. Puede que una simple carta valga como introducción a esta historia. «Mi querido amigo Cossío: Puede Vd creer que hoy, al enviar a Vd el estudio, el ligero apunte de nuestro llorado don Francisco, tengo una verdadera pena de no haber hecho más; ¿quién creyera que mi soñado retrato no llegaría a hacerlo nunca? ... Ruégole, mi buen amigo, lo acepte Vd, y con él un fuerte y fraternal abrazo de su amigo».

Era el 2 de julio de 1915. En la carta, Sorolla le hacía llegar a Bartolomé Cossío el estudio que había realizado del retratato de Francisco Giner de los Ríos, retrato que no pudo finalizar a causa del fallecimiento de este en febrero de ese mismo año. Y es que la relación de Joaquín Sorolla con León no se limita a las escenas que realizó para sus famosas Visiones de España sino que hunden sus raíces en la estrecha relación que mantuvo con la Institución Libre de Enseñanza. Fue precisamente ésta la que le abrió las puertas del mercado norteamericano. La historia entre Sorolla y Archer Huntington comienza en 1908 durante una exposición de los cuadros del artista valenciano en la Grafton Gallery. Según precisa Priscilla E. Muller, en esta muestra el mecenas americano se fijó en el retrato que el artista había realizado de Manuel Bartolomé Cossío. Como más tarde recordaría Natalia Cossío de Jiménez, cuando Huntington vio el retraro por primera vez, insistió en comprarlo, pero como pertenecía a su madre, ésta no quería desprenderse de él. Fue entonces cuando Sorolla puintó otro que quedó en la familia Cossío.

Años después, en 1917, realizó el retrato del leonés Gumersino de Azcárate que también puede verse en esta página, y con quien mantuvo una estrecha relación de amistad. De hecho, ambos formaron parte del patronato de la Junta de Ampliación de Estudios, la institución creada durante la monarquía que reunió a su alrededor a personalidades como José Echegaray, Marcelino Menéndez Pelayo, Joaquín Costa, José Castillejo, Santiago Ramón y Cajal y a los dos prohombres citados.

Pero Azcárate no es el único leonés que fue inmortalizado por Sorolla. Los empresarios Grabriel Gancedo y Tomás Rodríguez también fueron inmortalizados por el pintor. Al primero le retrató en 1918, al segundo, cuatro años antes.

Azcárate, Cossío y Sorolla