viernes. 12.08.2022

Escalera al CCAN: 50 años de libertad

El CCAN no volverá pero su memoria no se extingue. Un colectivo de socios y asiduos del emblemático espacio cultural que tenía sede en la buhardilla de la Casona de Puerta Castillo prepara un amplio programa para celebrar los 50 años de su creación. Se buscan fotos.

La escalera de Caetano ya no conduce al CCAN, pero es el único camino a la vista que queda para alcanzarlo de una manera imaginaria. Aunque la memoria documental sí que existe y sería un inventario sociopolítico de León. Zulima, Nana, Manolo Jular, Alfredo Barthe, Víctor M. Díez, Toño Cardiaco, Manolo Villalba, Vicente Muñoz, Silvia Chica, Ildelfonso Rodríguez, y así muchos más de manera intergeneracional, son igualmente la geografía humana de un lugar que nació en 1972 y que por lo tanto este 2022 cumpliría 50 años. Y se va a celebrar. Aquella buhardilla en la Casona de Puerta Castillo acogió tanta actividad en la ciudad que se convirtió en un referente que incluso superó las tendencias ideológicas para pasar a ser un espacio de debate entre lo social, lo cultural y lo lúdico, y lo plural.

Lo más curioso es que esta historia, tal y como cuenta Alfredo Barthe, uno de los representantes del colectivo de socios y asiduos del emblemático espacio cultural que prepara un amplio programa para celebrar los 50 años de su creación, la historia del CCAN comienza asociada de manera colateral con un nombre propio del franquismo: Carlos Arias Navarro, que, por cierto, también fue gobernador civil de León. Aquella ley de asociaciones impulsada en tiempos de Arias Navarro en 1972 sirvió para que surgiera el Club Cultural de Amigos de la Naturaleza, que bajo ese nombre permitía desarrollar otras actividades que en realidad tenían que ver con la lucha clandestina por la democracia. A fin de cuentas, como comentaba Jular, la amistad con la naturaleza daba mucho de sí...

Alfredo Barthe avanza que después del verano, en principio en El Albéitar, se desarrollará un gran programa para poner en valor lo que fue y para lo que sirvió el CCAN, que en cuyos últimos tiempos también se convirtió en plataforma artística para los muchos grupos leoneses de la escena rock, que se sumaban a iniciativas teatrales, literarias y en torno al conocimiento, y demás vertientes creativas.

Franco ha muerto

El propio Barthe marca la fecha de la muerte de Franco y el inicio del proceso democrático y la Transición como el después que supone para el CCAN tras sus primeros años de vida. «Nana fue la que en ese momento propuso que lo que era la sede del CCAN se convirtiera en un local de reunión, con bar, con música, abierto, y todas las posibilidades», dice y añade al respecto de las actividades anteriormente mencionadas.

De esta manera, la celebración que se llevará a cabo a partir de septiembre tendrá esos ingredientes, incluido un homenaje al inolvidable Fernando Urdiales y su teatro El Corsario.

Vicente Muñoz Álvarez

Lo colectivo y lo individual se dan la mano en la historia del CCAN. Y al igual que queda ese testimonio de arte mayúsculo en forma del mural de Caetano, hubo otras acciones artísticas que inundaban de creatividad el viejo CCAN a cargo de nombres clave como Álex Sáenz de Miera, Juan Rafael, Fernando Ampudia, Javier Cardo... Entre todos dejaban esa impronta que luego repercutía por la ciudad y atraía público a este peculiar más que un club.

Pone el escritor leonés Vicente Muñoz esa primera persona que suele ser la que da sentido luego a lo colectivo: «Tendría unos catorce o quince años cuando pisé por primera vez el CCAN, una buhardilla libertaria y psicotrónica ubicada en el casco viejo de León, absolutamente alternativa a lo que entonces se estaba cociendo en el resto de la ciudad: músicos, poetas, pintores, actores, fotógrafos, dibujantes, una maravillosa y espontánea mezcla de gentes y tribus urbanas, todos unidos al son de la misma música y compás... Durante varias décadas fue mi segunda casa y refugio, el lugar donde acudir en las gélidas noches de invierno (quizás, pienso, la esencia de todo fuera aquella vieja estufa de leña que los socios alimentábamos, el verdadero corazón de la nave, como un faro en la niebla, siempre encendida), buscar cobijo en las tormentas, donde encontrar siempre un amigo, escribir y leer, dialogar, fumar y amar, una lente de diamante, en suma, para todos los creadores leoneses...», relata en largo Muñoz.

Pura vida y libertad

«Daba igual quién estuviera al frente (sobre todo Zulima: no te olvidamos), las consignas eran las mismas: Pura Vida & Libertad... Qué fascinante lugar, el CCAN, cientos de conciertos y presentaciones de libros, proyecciones de películas, conversaciones marcianas y noches inolvidables, exposiciones, conferencias y fiestas de todo género y tipo.... Un interminable recorrido por la escena subterránea y contracultural leonesa, que salvó a muchos náufragos de la monotonía gris y asfixiante de esta ciudad», añade el autor, quien gestó allí la creación de Vinalia Trippers, y que le lleva a definir el CCAN como «una gran nave libertaria y una tripulación alternativa siempre contracorriente frente a lo establecido. Mi vida e identidad no serían lo que ahora son sin este club», asegura Muñoz Álvarez.

Escalera al CCAN: 50 años de libertad
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