viernes. 30.09.2022
                      El argentino Emilio Scotto es toda una referencia en el mundo del mototutismo. DANIEL PISABARRO
El argentino Emilio Scotto es toda una referencia en el mundo del mototurismo. DANIEL PISABARRO

«A mí es difícil que me impresionen. He visto tanto en el mundo que, claro, a estas alturas, mis ojos han visto tanto que es difícil de asombrarme por algo. Pero lo que he vivido este fin de semana acá, en el Gran Premio de Velocidad de La Bañeza…me impactó, me impresionó, me toco el corazón».

Con esta declaración, Emilio Scotto empezaba a explicar todo lo que ha vivido durante la celebración de este pasado Gran Premio de Velocidad Ciudad de La Bañeza, del que fue padrino especial; y que pudo vivir en primera persona, dando el banderazo de llegada a los pilotos en línea de meta. El pasado lunes, aún con el olor de la gasolina pegada a la ropa y la emoción flotando en el ambiente, un día después de ese fin de semanas de carreras; pudimos conversar con él durante casi una hora. No todos los días se tiene el privilegio de poder hacerlo con, quizás, el último gran explorador vivo. Ese que recorrió con su moto todos los países del mundo (290, para ser exactos) a lomos de su Honda «La Princesa Negra», durante más de diez años seguidos (de 1985 a 1995) y sin descanso. Con la ilusión del niño que leía sus aventuras en las páginas de la revista Motociclismo, hoy puedo 30 años después, conocerlo un poco más.

—La primera pregunta no podía ser otra. ¿Qué le ha parecido su primera experiencia en el Gran Premio de La Bañeza?. Ya estuvo aquí, el pasado año, en el I Encuentro Mototurístico como ponente, pero esta era su primera vez en el Gran Premio.

—Primero no me trates de usted… (risas). Como te decía antes, a mi es difícil impresionarme a estas alturas, y después de haber visto tanto. Lo que me provocó ese impacto y esa impresión fue el ver correr en la calle de esa manera; entre bordillos y muros de las casas. El ver tanto público. Lo que sentí es que es como si uno mismo estuviese corriendo. Y más allá de eso, y casi más importante aún: una sensación personal diferente a otras carreras urbanas o Road Races, como puede ser el TT Isle of Man. Vi a varias decenas de miles personas, como una familia. Vi un lugar que era una enorme familia feliz, disfrutando de una carrera de velocidad de motos. No cada persona o cada individuo en su mundo, sino que vi a esas miles y miles de personas disfrutando juntas de un evento que, además, golpea tu corazón, que te emociona. Ver a los pilotos dejarlo todo en la pista. Además que es una carrera urbana, casi no hay en el mundo carreras urbanas de verdad como esta. Los aficionados, también, saben que es muchísimo más difícil correr en un trazado urbano que un circuito convencional, el mundo de la moto lo sabe y eso hace de esta carrera algo mágico. El hecho de que este año estuviese Benjamín Grau, el hecho de que se estuviese, estos dos pasados años, sin poder celebrarse este gran premio, a causa de la pandemia; hicieron de este evento en esta edición algo super especial. Creo, sinceramente, que fue como un nuevo renacer a la felicidad, nos trajo de nuevo la alegría al corazón. Eso, es lo que yo ayer sentí.

Halagos
«Casi no hay en el mundo carreras urbanas de verdad como el GP de Velocidad de La Bañeza»

—Pasamos página al gran premio y ahora volvemos a su gran aventura, porque uno no tiene la suerte de poder hablar todos los días con alguien que ha estado literalmente en todo el mundo, en todos los países que lo conforman. ¿Cómo ve Emilio Scotto el mundo, tan diferente, en el que ahora vivimos respecto al que viste y descubriste cuando diste esas dos vueltas al mundo seguidas?

—Ummm, interesante, buena pregunta. A veces me preguntan si era más difícil antes o ahora, o si era mejor antes o ahora. La enorme diferencia, que el mundo sufrió, fue el vuelco de 180 grado que dio en un momento de su historia. Ese momento coincidió justo, cuando yo termino mis dos vueltas al mundo. El mundo iba en una dirección y justo ahí, comenzó a ir en otra. Ese momento fue la aparición de los ordenadores personales, y ahí vino también enseguida la aparición de los GPS, y la aparición de los teléfonos móviles. La tecnología explotó como si fuese un cohete al espacio. De golpe, en un año, ya teníamos a Microsoft, a las telefonías peleando entre ellas por llegar más lejos, por tener más satélites. De golpe mandar satélites al espacio, en un año, era más barato y más simple. Las comunicaciones se hicieron mucho más fáciles. Cuando yo di la vuelta al mundo, estuve cinco años para poder hablar con mi madre. Para poder hacerlo tenía que ser a través de una operadora y me costaba 10$ el minuto. Imagínate, más o menos, de aquella época 10 euros el minuto. Si hablaba 5 minutos eran 50 euros y si hablaba 10, 100 euros; una barbarie y, dinero que yo no tenía. Con la llegada de los celulares todo se simplificó. El mundo comenzó a simplificarse. En la época de mi viaje no había tantos hoteles, ni tantas líneas aéreas. Por ejemplo, en aquellos tiempos, acercarse y entrar en un puerto estaba prohibido, tú no podías entrar en ningún puerto. Los puertos eran lugares super protegidos, eran fuertes militares. A no ser que trabajases en él, no tenias acceso. No había prácticamente barcos de pasajeros. Los actuales trasatlánticos no existían aún, y era la época en la que, los pocos que hubo, habían fracasado. Entonces todo era más difícil, todo era preguntando, todo era hablando. Dónde puedo ir, cómo puedo llegar a esta calle o a la otra. Todo era parando y preguntando a la gente, por eso tenías que saber idiomas, y si no sabías idiomas era por señas y que te trataran de entender.

Imagínate en China…cómo leías tú los carteles o cómo preguntabas a la gente. En aquella época, mi viaje era todo más relacionado con el ser humano, y hoy en día, no tienes relación con el ser humano. Hoy en día te haces menos amigo del otro porque necesitas menos de la gente, utilizas más la tecnología, la sustituyes por la gente, y comunicarte personalmente y de verdad con ellos. Eres más amigo del teléfono, eres más amigo del ordenador, eres más amigo del GPS. Esos son tus familiares y amigos y es entonces, cuando no necesitas del contacto con el ser humano. En mi época era al revés, mi amigo ¿Quién era?, era el ser humano, cualquiera, de cualquier nacionalidad, de cualquier color, de cualquier raza o pensamiento político. Yo me tenía que acercar a ellos sin saber si me harían un bien o un mal. Y desde luego se dieron ambos casos. Como bien dijo un periodista «Emilio Scotto fue el último viajero de un mundo que ya no está, que desapareció, que murió. Porque cuando Emilio Scotto acabó su viaje, apareció la gran tecnología y el ser humano se volcó a ella». Ahora, todo es más rápido. Antes eran dos Alemanias, Estados Unidos contra la Unión Soviética, la Rumanía de Ceausescu, África cerrada, sus países sin comunicarse, peleados entre ellos, Centroamérica en guerra, Reagan y Gadafi, los dos Yemen, uno comunista y el otro capitalista, el Golfo Pérsico donde por ejemplo, estaba prohibido entrar en Catar a todo aquel que no fuese musulmán; y este año, es allí el mundial de fútbol. Para entrar en Qatar tuve que aceptar su religión y cambiarme el nombre a uno musulmán; eso si, les puse como condición que los aceptaba como hermanos, pero que yo iba a ser judío en Israel, iba ser católico en el Vaticano, iba a ser budista en la India. China estaba cerrada a los extranjeros y sólo pude entrar con expresa autorización del gobierno. Y así con muchísimos países. Sólo en Europa, incluida España, tuve que hacer sus 50 visados. Por ejemplo en Irán, espere un mes, durmiendo en el suelo, en su frontera, hasta que me concedieron su visado.

—Ese mundo que vivió era más romántico. Ese romanticismo que implicaba, el viaje y al viajero, ya casi no existe. ¿Qué le diría a las nuevas generaciones para que buscasen la aventura?. Para que apagasen sus GPS y vivieran de verdad un viaje y una aventura.

—Yo creo que no les diría lo que tienen que hacer. No, no les diría que, por lo que yo hice, o en el momento que lo hice, ellos lo hiciesen, o hiciesen esta o tal cosa, no haría eso. En cambio, les diría lo siguiente, les diría que piensen que el GPS les priva de poder ejercitar el sentido de la orientación. Si tu no tienes un GPS, tienes que ejercitar tu sentido de la orientación; y haciéndolo, un día que el GPS no funcione, vas a recurrir a ese ejercicio mental y cerebral, que hiciste. Yo no te voy a decir que apagues el GPS, no, eso es una decisión tuya. Apágalo o úsalo. Pero recuerda, si de vez en cuando lo apagas, y te obligas a usar tu sentido común, eso será una gran ventaja para ti, además de algo muy emocionante. Aparte, y también muy importante, si tu estás todo el tiempo utilizando un teléfono, comunicándote con quien tu conoces, estas privándote de dejar entrar en tu vida a alguien que no conoces. Tu le consultas al teléfono o tus amigos donde ir, porque estás conectado con ellos.

Más personal
«La tecnología usándola excesivamente te priva del contacto personal, te priva de sensaciones»

En cambio, si tú te das la oportunidad de, durante todo un día, por ejemplo, no estar comunicado con nadie a través del teléfono, y obligarte a decir «no tengo teléfono»; te va a abocar a verte parado en una esquina de alguna calle, de alguna ciudad, tu solo. Alguien se te acercará entonces al verte ahí parado, alguien va a mirarte a ti y tu moto. Y ese alguien te preguntará a ver de dónde vienes, a dónde vas…tu le vas a responder, y ahí se inicia una conversación, una de verdad, y de ahí te encuentras con que te invitan a una comida o una cena, o incluso para poder dormir, tu y tu moto, en su casa.

La tecnología usándola excesivamente te priva del contacto personal, te priva de sensaciones; y tú, lo dijiste bien, te quita el romanticismo, te quita la música de la vida, sus sonidos, el que tengas que pensar, el que tengas que imaginar, el que tengas que arriesgar. Cuando llegues aun sitio y no sepas continuar, no le preguntes al navegador o recurras al teléfono, acércate a esa persona que pasa a tu lado y pregúntale a él. Quizás esa persona también vaya donde tu vas, y mira, ya hiciste un nuevo amigo, y no esos que están al otro lado del teléfono y que ya sabes que lo son, y que lo van a seguir siendo. Eso es lo que, quizás, uno tendría que hacer, volver un poco al pasado, volver un poco a mi época, a esa que fue de 1985 a 1995. Esos diez años donde todavía, en esos estertores del siglo XX, no había tecnología; y como bien decís los españoles, era un «búscate la vida». Hoy en día ya no te buscas la vida, la vida te la busca la tecnología.

«La Bañeza puede presumir de tener una carrera única en el mundo»
Comentarios