Diario de León

«El caso Negreira no es un delito de corrupción»

Laporta mantiene que es una conspiración contra el barcelonismo, orquestada por el Madrid

Joan Laporta, en su comparecencia por el caso Negreira. A. GARCÍA

Joan Laporta, en su comparecencia por el caso Negreira. A. GARCÍA

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El presidente del Barça, Joan Laporta, presentó el caso Negreira que investiga al club por pagar más de siete millones de euros al anterior vicepresidente de los árbitros durante 18 años, como una especie de conspiración mundial contra el barcelonismo, orquestada por el Real Madrid, LaLiga, algunas esferas de poder y los que están interesados en que la entidad se convierta en sociedad anónima y deje de ser el estandarte del catalanismo. Con la reputación por los suelos y dos meses después de que estallara el escándalo, que investiga la justicia por la vía penal y que puede dejar a la entidad azulgrana fuera de las competiciones europeas, Laporta compareció para dar su versión de los hechos: aclaró poco, tiró de victimismo y puso en marcha el ventilador, como cortina de humo. Negó la mayor. «No es un caso de corrupción, el Barça no ha comprado árbitros», afirmó en una rueda de prensa desde el Camp Nou. «Recibir asesoramiento técnico arbitral no constituye ningún delito penal», aseguró. «Es una campaña para desestabilizarnos», señaló. Sin embargo, los valores que tanto defienden en ‘Can Barça’ están en entredicho.

Hacía semanas que los socios le pedían explicaciones. Fue generoso al responder todas las respuestas. Pero poco convincente a la hora de explicar el asunto clave: por qué el Barça pagó durante 18 años a José María Enríquez Negreira, cuando era el número dos del colectivo arbitral español. Laporta se aferró a que eso no constituye delito y se agarró además al hecho de que el prestador de los servicios era el hijo de Negreira. También justificó que Negreira no tenía influencia en la designación de los colegiados y que en solo cuatro años los Enríquez realizaron más de 600 informes técnico arbitrales. Ahí fueron a parar, en principio, los más de siete millones. Pero no aclaró lo fundamental. Por qué el Barça pagó durante tanto tiempo a Negreira y que función tenía el exvicepresidente de los árbitros casi en nónima en el club, toda vez que los informes que hacía con su hijo, aunque Laporta los defienda, son de dudosa calidad. Para decir que un trencilla es casero o tarjetero no hace falta gastarse millones de euros. La sombra de la duda sigue. «No conseguirán demostrar que pagamos a los árbitros para buscar un beneficio deportivo, dijo el mandatario azulgrana.

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