lunes 16/5/22

Buena parte de las familias, prácticamente todas salvo las más privilegiadas, tuvieron que hacer muchos números y apretarse el cinturón durante la gran crisis de la década pasada. Muchos, de hecho, siguen haciéndolo debido a que el final de la recesión empalmó con los nuevos agobios económicos y laborales traídos por la pandemia. Restringieron las cañas y las salidas a comer, estiraron al máximo el fondo de armario y miraron más que nunca las ofertas en los súper. Sin embargo, hubo un gasto que muchísimos hogares, lejos de racionar, aumentaron hasta realizar un esfuerzo nunca visto: las clases particulares para sus hijos.

El gasto de las familias españolas en tutores privados a domicilio, academias o clases y profesores ‘online’ de pago se ha triplicado en una década. La media anual destinada por los hogares a clases particulares pasó de 246 euros en 2006 a 732 en 2017, cantidad que ya asciende a más de 750 euros.

En todo este tiempo no paró de crecer, como lo demuestra que casi se ha duplicado el número de chicos de 6 a 18 años que reciben refuerzos docentes privados. Ya son el 24% de los estudiantes de esas edades, cuando hace algo más de una década rondaban el 13%. Pese a ser una franja de población muy respetable, está lejísimos de los 80% y 90% de alumnos con tutor privado de países asiáticos como Corea o Japón, incluso del 30% o 40% de Francia o Alemania.

Este fenómeno va en contra de la equidad educativa del país, porque los ricos son los que más profesores contratan y más gastan —hasta cinco veces más que los más pobres—, pero lo cierto es que el estudio monográfico realizado por Juan Manuel Moreno y difundido por Esade desvela que son los hogares de clase media, e incluso modestos, los que en la última década hicieron el mayor esfuerzo económico, lo que le lleva a concluir que las clases particulares, especialmente las de Matemáticas, «han pasado de producto de lujo a bien de primera necesidad».

La cuarta parte de familias españolas, las que pagan para sus hijos refuerzos educativos, gastan cada año desde los 1.023 euros de media de los pudientes hasta los 550 de los modestos. Pero la clase media y la baja son los que más se han apretado el cinturón y más esfuerzo familiar han hecho para reforzar los conocimientos de sus hijos. Han destinado a ello el doble de renta familiar que una década antes mientras en los ricos el crecimiento es del 50%.

Uno de los motivos —agravado por los recortes educativos durante la crisis, con el aumento de las ratios por clase y la casi desaparición de los programas públicos de refuerzo frente al fracaso escolar— es la percepción de que la escuela y el instituto no dan la calidad docente suficiente que precisan los chicos afrontar el mundo de hoy.

La segunda razón de peso es la gran competencia que hay entre los alumnos para lograr entrar en la carrera que se quiere estudiar. Una décima arriba o abajo en Bachillerato o selectividad marca la diferencia. «La competición para acceder a la educación superior y, en concreto, a las instituciones y programas de más prestigio se ha hecho feroz», señala Moreno.

El colaborador de Esade destaca también otras dos razones para este intenso despegue de las tutorías privadas. Una, que los padres, que en muchos casos trabajan ambos, tienen cada vez menos tiempo para ayudar a los chicos con las tareas escolar. La otra, que las familias cada vez tienen menos hijos, lo que les permite gastar más en los apoyos educativos.

Las familias triplican el gasto en clases particulares pese a la crisis del covid
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