lunes 24/1/22

Los grandes apellidos del Ibex-35

El nombramiento de Marta Ortega en Inditex revela los movimientos de varias sagas familiares en empresas que cotizan en el parqué: Santander, Ferrovial, Acciona, Meliá y OHL
                      Marta Ortega en una imagen de archivo junto a sus padres. MANUEL BRUQUE
Marta Ortega en una imagen de archivo junto a sus padres. MANUEL BRUQUE

El aterrizaje de Marta Ortega en la presidencia de Inditex ha sorprendido más por el momento elegido que por el propio desembarco, diseñado durante los últimos años con Pablo Isla al frente de la compañía textil. La benjamina del fundador, Amancio Ortega, estaba llamada a ponerse al frente de la corporación, aunque la sucesión se ha precipitado después de la década en la que Isla ha atravesado por dos crisis mundiales (la financiera y ahora la pandemia) de las que el negocio ha salido airoso. Los Ortega mantienen el poder y la línea sucesoria empresarial en su grupo; como los Botín en Santander, los Del Pino en Ferrovial y los Entrecanales en Acciona. Son solo algunos de los ejemplos de las dinastías que comandan buena parte de las grandes compañías españolas tanto dentro como fuera del Ibex-35. Pero las herencias tampoco son lo que eran antes. No hay un poder omnipresente. Y los grandes fondos y propietarios de esas firmas vigilan cada movimiento de los presidentes hereditarios para no poner en riesgo sus inversiones.

Los grandes inversores exigen que así sea, un poder limitado. Y por inversores se entiende el Código de Buen Gobierno de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV). La última actualización de ese texto recomienda que los presidentes de las compañías deleguen sus funciones ejecutivas (las que les otorgan el poder de decisión en las grandes actuaciones de la empresa) a favor de sus consejeros delegados.

Esto es, que puedan ostentar un poder rebajado -en algunos casos roza lo simbólico o institucional- frente a unos ejecutivos «independientes», «externos» y que no se dejen influir por los vericuetos familiares que puedan surgir entre las sagas de accionistas.

El caso de Ana Botín

El sector financiero es el caso más paradigmático en esta recomendación. Hasta hace pocos años, los grandes banqueros lo eran en el más amplio sentido de la expresión: presidentes con todo el poder concentrado en su figura. Una opción que no gustaba al Banco Central Europeo (BCE) y que el organismo ha exigido cambiar. En el caso de una entidad como Santander, su presidenta, Ana Botín, la hija del anterior primer ejecutivo, el histórico Emilio Botín, mantiene funciones ejecutivas, y cuenta con el respaldo de los grandes fondos de inversión que son los que controlan realmente el poder del banco, como BlackRock, Barclays o Capital Research.

El apoyo que ejecutan estos grandes inversores es relevante, pero su papel queda diluido en otras empresas donde el apellido familiar pesa mucho más en el reparto del accionariado. Así ocurre en grandes constructoras como Ferrovial. La familia Del Pino mantiene el poder ejecutivo en la figura de su presidente, Rafael del Pino y, al mismo tiempo, controlan la mayor parte del accionariado del grupo con participaciones que se aproximan al 20% en el caso del propio primer ejecutivo o del 8% que tiene otra de las propietarias familiares, María del Pino, así como el 4,1% de Leopoldo del Pino y más del 2% de Joaquín. Son, junto a Fernando, los hijos del matrimonio entre Rafael del Pino Moreno, el fundador de la compañía en 1952, y Ana María Calvo-Sotelo Bustelo, hermana del expresidente del Gobierno Leopoldo Calvo-Sotelo. Entre todos, mantienen más de un tercio de la propiedad.

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