domingo 29/5/22

Angelines no tenía hijos ni sobrinos, así que estaba entregada a Whisky. Cuando este precioso perro de raza Schnauder cayó enfermo, su propietaria debió enfrentarse a un costoso tratamiento veterinario y pidió varios créditos al banco. «Me quedé ahogada», recuerda. Para salir del problema encontró una solución: vender su piso en nuda propiedad. La vivienda, en el barrio de La Estrella de Madrid, cerca del Retiro, fue tasada en 320.000 euros y los compradores le abonaron 160.000. El perro murió, pero Angelines ahora vive tranquila. «Con una parte del dinero pagué el préstamo, otra parte la ahorré y el resto lo estoy disfrutando para vivir la vida. Cumplí el sueño de ir al concierto de Año Nuevo en Viena», cuenta esta risueña mujer, de 75 años, que utilizó un producto de larga tradición que en España ofrecen cada vez más inmobiliarias, aunque aún encuentra reparos.

«La nuda propiedad consiste en ceder la titularidad de la vivienda conservando su uso y disfrute, el usufructo. Es decir, el vendedor continúa viviendo en la casa hasta que fallezca, pero ha recibido el dinero del comprador. Esto es posible porque la legislación española permite escindir la posesión del disfrute de un bien inmobiliario», explica Pedro Serrano, profesor titular de Finanzas de la Universidad Carlos III. Junto con Juan Ángel Lafuente, catedrático de Finanzas en la Universitat Jaume I de Castellón,

Serrano ha estudiado en profundidad este producto inmobiliario, que considera «apropiado para complementar rentas durante la jubilación» y que ofrece beneficios tanto para el vendedor, que recibe el dinero inmediatamente, como para el comprador, que adquiere una vivienda a un precio reducido porque no podrá disponer de ella hasta que fallezca el inquilino.

El perfil del vendedor en nuda propiedad responde al de una persona mayor sin familia cercana y que no tiene grandes ahorros porque ha invertido la mayoría de su dinero en una vivienda en propiedad, el llamado «ahorro inmobiliario». «Antes, lo normal era vender o alquilar esa casa e irse a la del pueblo, si se tenía. Pero eso implicaba abandonar el hogar. Ahora se están extendiendo otras opciones, como la hipoteca inversa, la renta vitalicia inmobiliaria o la nuda propiedad.

Propietarios hasta la muerte