domingo 16/5/21

Sánchez quiere relevos en territorios con mal resultado y lanza la batalla con Susana Díaz

La presidenta de Andalucía se resiste a retirarse pero en el PSOE creen que está en caída libre y será superada por el PP
Susana Díaz el jueves en Sevilla, durante una rueda de prensa en la que anunció que no se retira y que irá a primarias. JOSÉ MANUEL VIDAL

Pedro Sánchez sabe lo que implica una batalla orgánica. El presidente del Gobierno no conoció la paz al frente del PSOE hasta que en mayo de 2017 y después de haber sido defenestrado de la secretaría general y dado por muerto, políticamente hablando, en octubre de 2016, humilló a su máxima rival interna, Susana Díaz, con los votos de una militancia exaltada. Ahora, en el inicio de un año congresual, contempla la necesidad de renovar liderazgos allí donde las siglas flojean y su deseo es proceder a relevos ordenados, pero es consciente de que no siempre será posible.

El líder socialista tiene aún amplio margen para tomar decisiones. El retraso a la segunda quincena de octubre del congreso federal —en el que, sin ninguna duda, será ratificado como secretario general y nombrará una nueva ejecutiva— tiene un efecto dominó sobre los regionales, que, según los estatutos del partido, deben celebrarse en los tres meses posteriores, es decir, que en algunos casos podrían irse incluso a enero de 2022.

A estas alturas, lo único seguro es que sí impulsará la sustitución de Díaz al frente del PSOE andaluz, pero la batalla no se presenta fácil y eso es lo que le ha hecho dudar de dar el paso hasta fechas muy recientes.

A pesar de lo que pudo parecer cuando, tras las autonómicas, el secreterio de Organización, José Luis Abalos, hizo un comentario que le indicaba la puerta de salida a Díaz o cuando a mediados de 2019 se conoció que se le había ofrecido presidir el Senado, hasta hace apenas dos meses el secretario general del PSOE se mostraba reticente a implicarse en otra guerra contra ella, para desesperación de algunos fieles ‘sanchistas’ y furibundos ‘antisusanistas’. A lo más a lo que se mostraba dispuesto era a dejar hacer por su cuenta a los críticos andaluces de su cuerda.

Las cosas ahora han cambiado. Lo demuestra el desplazamiento de Abalos a Sevilla el jueves para reunirse con la antaño poderosa presidenta de la Junta de Andalucía y hoy líder de la oposición. La excusa era celebrar un encuentro para discutir sobre el estado de las infraestructuras, pero en el PSOE admiten que la cita tenía otra intencionalidad.

Lo ideal para Sánchez sería que su antigua rival diera un paso al lado de manera voluntaria y en esa dirección trató de presionar también esta semana el vicepresidente del Senado, Alfonso Rodríguez Gómez de Celis. En vano. Díaz sabe que, aunque ya no tenga al partido en un puño, sus detractores no lo tienen fácil para armar una alternativa y encontrar a la persona que pueda aglutinar el voto en su contra.

El viernes, tras su encuentro con Abalos, compareció ante la prensa y retadora advirtió de que se presentará al congreso sí o sí. «Los compañeros que se manifiestan —dijo en alusión a sus enemigos internos— que digan quién va ser su candidato o candidata y, cuando llegue el congreso, los militantes decidirán en libertad».

SIN RIVAL POTENTE

Ninguno de los nombres que hasta ahora han asomado ofrecen a Sánchez suficientes garantías. No lo hace el jienense Felipe Sicilia. Hay serias dudas sobre la capacidad de arrastre del alcalde de Sevilla, Juan Espadas, fuera de su provincia. Y la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, no está hoy por hoy por la labor de dar ese salto incierto. Aun así, Sánchez se ha convencido, encuestas en mano, de que hay que pelear porque, según aseguran fuentes socialistas, todo apunta a que Díaz está en caída libre. No es ya, dicen, que no vaya a poder gobernar por «el lío» que hay a su izquierda, es que, a diferencia de 2019, ni siquiera sería ya la fuerza más votada.

Sánchez quiere relevos en territorios con mal resultado y lanza la batalla con Susana Díaz
Comentarios