jueves 26/5/22

La infrecuente fotografía de unidad que reveló el Congreso el martes por la tarde, con un nítido respaldo a Volodímir Zelenski en su desgarradora intervención telemática, se rompió a la mañana siguiente. Desmarques en el aparente consenso, reproches a las calculadas referencias del discurso del presidente ucraniano, tesis revisionistas de la historia e incluso equiparaciones dictatoriales se abrieron paso este miércoles en la Cámara baja. Al final resultó que no era oro todo lo que relucía en aquel largo minuto en que diputados y senadores ovacionaron en pie al jefe de un Estado invadido por su país vecino.

Lo primero, porque ese aplauso ni siquiera fue unánime. Aunque asistieron a la sesión, los dos diputados de la CUP no participaron en la ovación para que el gesto no se confundiera con «un aplauso acrítico que no hace ningún bien a la causa de la paz». Según justificó ayer Albert Botrán, los anticapitalistas catalanes no se podían permitir un respaldo así de cerrado a un presidente que ha ilegalizado partidos políticos y al que también acusan de «tolerar» elementos neonazis en sus instituciones y fuerzas armadas.

Tampoco hubo un respaldo total a Zelenski desde las filas de Unidas Podemos. Dos diputados de IU ni siquiera asistieron al pleno. Miguel Ángel Bustamante y Roser Maestro señalaron que Ucrania «no es un modelo de democracia» y que se ausentaron por su «conciencia antifascista». Otro de sus representantes, Enrique Santiago, en su caso miembro del Gobierno como secretario de Estado para la Agenda 2030, se resistió a aplaudir. Una actitud que abocó este miércoles al coordinador general de IU, el ministro Alberto Garzón, a hacer verdadero equilibrismo dialéctico entre el «debido respeto institucional» al mandatario ucraniano y la crítica a la ilegalización de formaciones políticas en ese país.

Donde la asistencia y el aplauso sí resultó unánime fue en la bancada de Vox. Sin embargo, el grado de respaldo al discurso de Zelenski fue reduciéndose a medida que pasaban las horas. En la misma tarde del martes, el eurodiputado Hermann Tertsch ya expresó su disconformidad con la referencia empleada para acercar la tragedia ucraniana a España. «La iconografía de Guernica es pura propaganda de guerra. Murieron menos que en un ataque a cualquier pueblo en Ucrania», lanzó en un mensaje revisionista sobre el bombardeo de la villa vizcaína en 1937 por parte de una escuadrilla de aviones alemanes e italianos a disposición del bando nacional.

VUELVE Paracuellos

El tuit fue sólo el preludio de lo que vendría después por parte de las más altas instancias del partido de extrema derecha. Santiago Abascal irrumpía este miércoles en el debate y se permitía corregir al presidente de Ucrania. «Puestos a establecer comparaciones, quizá habría sido más acertado hablar de Paracuellos, donde los predecesores de Putin ensayaron el genocidio», planteaba el presidente de Vox. Incluso le añadía otros ejemplos más adecuados bajo su punto de vista como el terrorismo de ETA y censuraba también el «señalamiento» de Zelenski a empresas españolas que seguirían haciendo negocio en Rusia.

En este ambiente se produjo el momento más tenso de la jornada, cuando un diputado de Vox equiparó a Pedro Sánchez y Félix Bolaños con los mayores exponentes del nazismo. «Usted (al ministro de Presidencia) es un propagandista que deja en un párvulo alumno al doctor Goebbels. Está al servicio de un sujeto (el presidente) que, manteniendo el símil, podemos decir que es como el Führer (Hitler)», le espetó José María Sánchez García.

En su turno de réplica, Bolaños le instó a retirar sus palabras por las «comparaciones inaceptables» que incluían. «No tenemos por qué aceptar los insultos de la extrema derecha en esta Cámara», denunció. Ni el representante de Vox accedió a rectificar ni la presidenta accidental del Congreso, Ana Pastor (PP), le emplazó a ello.

Vox, IU y CUP fracturan la unidad con Zelenski