martes 31.03.2020
Entrevista

«La gran novela histórica de León está por llegar»

l Óscar Eimil extrae de la alta Edad Media hispánica el material narrativo de su trepidante ‘Reinos de sangre’. Filandó n En su primera novela, este jurista gallego sigue las huellas de Fernando I, que unificó todos los reinos cristianos de la península aunque para ello tuviera que aniquilar a sus cuatro hermanos En la obra late el conflicto permanente entre hermanos, la dicotomía «entre unión y división» «La España altomedieval es un escenario apasionante. 24 taifas distintas sustituyen al califato de Córdoba»
Eimil cuenta en este libro la apasionante historia de un monarca que, en época muy temprana, reunió bajo su cetro todos los territorios comprendidos entre Santiago y los condados catalanes, aunque para lograrlo tuviera que aniquilar a sus cuatro hermanos,
Eimil cuenta en este libro la apasionante historia de un monarca que, en época muy temprana, reunió bajo su cetro todos los territorios comprendidos entre Santiago y los condados catalanes, aunque para lograrlo tuviera que aniquilar a sus cuatro hermanos,

Si no conocemos nuestra historia, si hemos abandonado su estudio, es mucho más fácil que alguien la falsifique». Lo dice Óscar Eimil (Vilalba, Lugo, 1962), autor de Reinos de sangre, una novela sobre la épica gestación de los reinos que acabarían por dar origen a España y que tiene a Fernando I como protagonista. Jurista y sociólogo, y buen conocedor del pasado y el presente leonés, Eimil hace de la singladura del viejo reino una de las vigas maestras de esta narración, que viene a sumarse a las —no demasiadas— novelas históricas que tienen a León como referente.

—¿Cómo surgió la idea de escribir ‘Reinos de sangre’? ¿Cuál fue la chispa gracias a la cual concibió la historia?

—Como a muchos de los lectores de Diario de León, me encanta la historia, me gusta muchísimo leer y disfruto un montón escribiendo. Siento también gran admiración y orgullo por mi país y por lo que representa. Con ese cóctel, lo raro es que haya tardado tantos años en escribir esta novela, que es, por eso, un relato de madurez. Me topé con la primera mitad del siglo XI de casualidad, leyendo hace dos años un tratado de historia altomedieval, y enseguida me di cuenta de que la de Fernando el Grande era una gran historia que merecía ser contada.

—La narración comienza con la muerte del rey Fernando ¿Por qué eligió ese momento concreto de la Edad Media para ambientarla?

—Resulta paradójico que, siendo el XI el siglo de nuestra historia más rico en momentos gravemente decisivos, sea un gran desconocido para el gran público. Al menos sus primeros 70 años, que es el espacio temporal por el que discurre la novela. La España altomedieval es un escenario, más que atractivo, apasionante. Se produce la desintegración del califato de Córdoba y su sustitución por 24 reinos, las taifas. Es entonces, tras 300 años de dominación musulmana, cuando los reinos cristianos comienzan a imponerse con claridad a los moros del sur. Es, por último, la primera vez en que la idea de una única España cristiana comienza a representarse en la mente de los gobernantes como algo más que un sueño. Eso constituye, a mi juicio, lo que aporta de novedad el reinado de Fernando.

—¿Cuánto de historia y de ficción hay en su obra, cómo ha hilvanando ambos elementos?

—La novela sigue fielmente los trágicos acontecimientos históricos que por aquel entonces sucedieron. Respecto de los aconteceres privados, lógicamente, después de 1.000 años —celebramos ahora el milenario del nacimiento de Fernando— nadie sabe en realidad cómo fueron. Ahí es donde entra la fabulación del autor. Lo que sí te aseguro es que estos últimos son congruentes con los primeros. En todo caso, esa parte de la Historia de España es, en sí misma, lo bastante turbulenta como para que no sea necesario fabular mucho para obtener un gran relato.

—¿Sus personajes son, ante todo, monarcas y magnates, hombres poderosos, o también hay gentes del pueblo llano?

—La mayor parte de los personajes de la novela son reales, esto es, vivieron aquella época y fueron los grandes protagonistas de aquellos acontecimientos. Hay también, lógicamente, personajes de ficción: campesinos y juglares, mancebas, curas, monjes, guerreros y mercaderes; judíos, moros y cristianos.

—¿Cuáles son las motivaciones principales de los protagonistas? ¿Cree que el hombre ha cambiado algo desde entonces en sus afanes y pasiones?

—Esencialmente son las mismas que nos mueven hoy en día a todos nosotros. Poco ha cambiado desde esa perspectiva. Conviven en la novela los mejores sentimientos, como el amor, la espiritualidad, la valentía y la devoción, con los peores, la ambición, la deslealtad, la codicia y la traición. A todos nos suenan...

—La gran pregunta: ¿Por qué el rey Fernando repartió el reino entre sus hijos en vez de legarlo unido?

—Es una buena pregunta que, desgraciadamente, no tiene contestación. En Fernando, en los últimos momentos de su vida, confluyen muchas pasiones e influencias contradictorias. Quizás la que más pesó en su ánimo fue la de su propia sangre. Él era muy consciente de que llegó a ser rey de León por las armas y por razón de su matrimonio con la reina Sancha, la verdadera depositaria de unos derechos dinásticos que la unían con Pelayo, en los lejanos días de Covadonga. Por derecho propio, Fernando solo era rey de Castilla. El primero, porque tanto Castilla como Aragón, las dos potencias medievales cuya unión propició siglos después la unidad nacional, nacieron como reinos en aquel tiempo. Y choca mucho, además, que dividiera sus reinos por dos circunstancias. Una, porque su padre, el rey Sancho el Mayor de Pamplona, también lo hizo antes que él y provocó con ello la gran tragedia que se narra en la novela. Y dos, porque creo que Fernando tenía una visión global de la Hispania de entonces y de su potencial. «Rey de toda España» reza su inscripción funeraria en el sarcófago que guarda sus restos en la cripta de San Isidoro.

—¿Le parece que la historia de España (la antigua, la medieval, la moderna…) es un filón para la creatividad literaria (y también cinematográfica), aún no del todo explotada?

—Nuestra historia es fuente inagotable de inspiración y aprendizaje, no solo para la creatividad, sino también para la propia vida personal de cada uno y para el devenir de nuestra nación. La novela histórica es la favorita de los españoles. Creo que en este campo hay todavía mucha tela que cortar. Los españoles empiezan a sentir ahora una imperiosa necesidad de conocer sus orígenes.

—Para entender la España actual, ¿es necesario conocer su Edad Media?

—Es imposible entender lo que ocurre en nuestro país, la grave crisis que estamos viviendo, sin conocer nuestra Historia, en general, y la Edad Media, en particular. Ese es uno de los grandes problemas que tenemos como nación. Que se ha abandonado el estudio de la historia. Así es mucho más fácil falsificarla. Si no conocemos nuestra historia común, es difícil que podamos honrarla.

—Conoce bien León y su historia. A veces da la sensación de que esta tierra no se ha reconciliado bien con su extenso, casi excesivo, pasado…

—Conozco muy bien León. He vivido aquí en mi juventud y he atravesado la provincia varias veces en bicicleta. Muchos de los escenarios de la novela están en León. Las riberas del Curueño, Babia, San Miguel de Escalada, San Facundo y San Primitivo en Sahagún, Valencia de Don Juan (la antigua Coyanza) y, cómo no, León, la venerable capital del Imperio, que fue (en palabras de Menéndez Pidal) el primer foco de la idea unitaria de España después de la ruina que trajo consigo la invasión musulmana. Pero si no conocemos nuestra Historia, es imposible que las nuevas generaciones la pongan en valor.

—¿Qué otra novela en torno a León le ha marcado o quisiera destacar a nivel personal?

—Son muchas las novelas históricas cuya acción discurre por los caminos de lo que antaño fue el Reino de León pero es cierto que quizás le falte a León esa gran novela histórica —como Los pilares de la Tierra, por ejemplo— que tenga la repercusión pública y mediática suficiente para influir en la vida de la ciudad, como ha sucedido con otras poblaciones de parecidas características. Si me preguntas por mis gustos personales, me gustaría citar una, aunque sea de otro periodo histórico: Luna de lobos, la gran novela del maestro Llamazares.

«La gran novela histórica de León está por llegar»
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