jueves 17.10.2019

Maragatos en la otra orilla del océano

María Laura Casanueva describe en un libro la peripecia de leoneses a 11.000 kilómetros de su tierra
Maragatos en la otra orilla del océano

Hubo una vez un rey que decidió enviar a dos centenares de labradores españoles a colonizar una tierra de límites colosales en la que su dominio efectivo era más bien escaso. Aquel monarca se llamaba Carlos III de Borbón y su proyecto, el Plan Patagónico de 1778. Casi todas aquellas personas procedían del Norte de la península y entre ellos había un nutrido grupo de leoneses, la mayoría maragatos, que dejaron singulares huellas históricas, etimológicas y arquitectónicas en puntos de aquella inmensa región argentina. La profesora María Laura Casanueva, del Instituto Nacional de Antropología y Pensamiento Latinoamericano, ha rastreado ese periplo y ese legado y el resultado es Maragatos a través de los mares, libro publicado por el sello leonés Lobo Sapiens.

Una de las 'cuevas maragatas' que los colonos abrieron para guarecerse.

«La obra condensa mi investigación de doctorado, centrada en el momento fundacional y en las primeras décadas de vida de la colonia española de Nuestra Señora del Carmen, en la costa patagónica, a finales del siglo XVIII —detalla Casanueva—. Allí estudié el día a día de los primeros colonos que poblaron la costa norte del río Negro y la relación que mantuvieron con los indígenas del lugar y con los negros esclavos; pero también las distintas situaciones por las que debieron atravesar, siendo la más significativa la de vivir en cuevas debido a la ausencia de habitaciones para cobijar a las familias recién llegadas». Una investigación no sólo arqueológica e histórica sino también antropológica, en la que María Laura Casanueva analizó «la situación económico-política y socio-geográfica de los emigrados», incorporando un estudio efectuado en España como contrapartida al desarrollado en América.

Preguntada por las circunstancias en las que se produjo la llegada de estos maragatos a las costas patagónicas, la especialista recuerda que, a finales del siglo XVIII, «un grupo de familias españolas, la mayoría labradores y artesanos, llegaron al Virreinato del Río de la Plata con la esperanza de una vida económicamente mejor. El Fuerte y Población de Nuestra Señora del Carmen fueron fundados por el marino Francisco de Viedma en 1779».

Grupo de maragatos según Joaquín Sorolla.

CON SUS PROPIAS MANOS

Un desembarco e inicio de una nueva vida que debieron ser enormemente complicados. «Las familias españolas que llegaron a Carmen de Patagones no contaron con las habitaciones que les habían prometido, por lo tanto aprovechando las barrancas de arenisca del Río Negro, labraron con sus propias manos las cuevas que hoy son tan emblemáticas —cuenta la autora—. Esa fue una de las sabias estrategias que desarrollaron para poder sobrevivir, otra fue la interrelación constante con los indígenas apostados en las cercanías, principalmente Tehuelches o Patagones, y Araucanos. Con ellos mantuvieron asiduos intercambios comerciales, de conocimientos y costumbres, así como interrelaciones personales que derivaron en un claro mestizaje.

Y así, para culminar su investigación, Casanueva realizó un profundo estudio arqueológico de las ‘cuevas maragatas’ y sus alrededores, «lo cual me permitió acercarme a la vida doméstica y productiva de las familias españolas; de esta forma accedí a objetos que se relacionan directamente con su economía, sus actividades culinarias y de farmacia, ciertas prácticas de higiene y gustos personales, así como a las técnicas constructivas de las cuevas». Estudio arqueológico complementado con el estudio de fuentes históricas primarias y secundarias como libros parroquiales, testamentaria, diarios de viaje, cartografía antigua y árboles genealógicos, entre otros. «Por otro lado, recopilé historias orales y completé gran cantidad de entrevistas a los descendientes de los primeros pobladores, vecinos de Carmen de Patagones», añadió.

Mientras, en España, sus investigaciones se centraron en los archivos General de Simancas y el de la Real Chancillería de Valladolid, donde consultó las Comprobaciones de la Provincia de León para el siglo XVIII, Pleitos Civiles y Criminales, Ejecutorías de Hidalguía, etcétera, y se acercó a las costumbres locales estudiando las colecciones del Museo Etnográfico de León con sede en Mansilla de las Mulas y del Centro Etnográfico Joaquín Díaz en Urueña, entre varios más. «A su vez, los paisajes leoneses me permitieron entender el nexo existente entre la Patagonia y esta región española, y la cercanía constructiva entre las tradicionales bodegas subterráneas de León y las cuevas-hogar de Nuestra Señora del Carmen. Y por supuesto que el recorrido por Maragatería unificó todas estas características: históricas, sociales, económicas, etnográficas, paisajísticas....», advierte.

Y es que la mayoría de inmigrantes llegados al río Negro como parte del Plan de Poblamiento mencionado procedían del viejo Obispado de Astorga y del ámbito del Viejo Reino (León, Zamora, Salamanca, Toro...). «En concreto, los había procedentes de Ponferrada, Villafranca del Bierzo o Benavente, y los maragatos propiamente dichos eran oriundos de Turienzo de los Caballeros, Piedras Albas, Foncebadón, Tabladillo y Matanza. Asimismo, he encontrado que llegaron también de Vega de Infanzones y de localidades de Tierra de Campos como Grajal, Escobar y Villacreces, así como del área de Sanabria». Fuera del ámbito leonés, María Laura Casanueva anotó «una fuerte presencia de gallegos», mientras que en tercer lugar estarían los oriundos de Asturias y, ya en menor medida, vecinos de distintas ciudades de Andalucía y de otros territorios hispánicos como Extremadura, Valencia, País Vasco, Cataluña y Murcia.

Pero, de algún modo, ¿hábitos o tradiciones de aquellos maragatos del siglo XVIII han llegado hasta nuestros días?

«Particularmente yo no he encontrado una tradición o costumbre exclusiva maragata en estas zonas —responde la autora del libro, presentado el pasado mes de octubre en La Ergástula astorgana—, pero la impronta maragata es realmente fuerte en la actual ciudad de Carmen de Patagones. Por ejemplo, los nacidos allí se reconocen a sí mismos como ‘maragatos’; junto a la ciudad vecina de Viedma conforman la ‘comarca maragata’ y las tradicionales e históricas cuevas son conocidas como cuevas maragatas».



Fuerte y poblado de Nuestra Señora del Carmen en 1828 según una litografía de D'Orbigny. Debajo, la autoria de la tesis doctoral y el libro, la historiadora argentina María Laura Casanueva, en el pueblo de Castrillo de los Polvazares.

EXPOSICIÓN 'TRANSOCEÁNICA'

Y con respecto a si le parece importante reforzar los lazos culturales o de identidad entre estas dos orillas del Atlántico, en torno a aquellas gentes, la doctora por la Universidad de Buenos Aires no lo duda un momento. «Me parece fundamental estrechar tanto lazos culturales como afectivos, la fuerte identidad con ‘lo maragato’ creo que tendría que ser el puente que permita realizar actividades conjuntas. Por mi parte me interesaría profundizar mi estudio antropológico tanto entre los maragatos y descendientes actuales que viven en Buenos Aires como los de la Maragatería española; incluso sería importantísimo aprovechar mi investigación desde América, algo que, que unido a los cuantiosos estudios hechos en España sobre el pueblo maragato, podría permitir una exposición exhaustiva y sin antecedentes hasta el momento. Considero que la crucial ciudad de Astorga, por ejemplo, podría ser la que albergue una exposición de estas características. Ojalá esta idea, que se viene pensando desde hace unos años pero que por cuestiones presupuestarias no ha podido realizarse, llegue a concretarse en un futuro cercano; representaría un homenaje al esfuerzo y sacrificio de tantos maragatos que en ambos continentes dejaron un legado sin precedentes. Este homenaje es el que también intento celebrar con mi libro».

La necesidad de saber de dónde venimos, cuáles son nuestras raíces, parece ser una constante en el género humano, pero a veces parece surgir o evidenciarse con más intensidad en Latinoamérica. Preguntada por este particular, la autora de Maragatos a través de los mares —que cuenta con un prólogo a cargo del leonés José Luis Alonso Ponga, catedrático de la Universidad de Valladolid—, reflexiona: «Un porcentaje importante de latinoamericanos tenemos ascendencia europea. En mi caso, sin ir más lejos, llevo un 25% de sangre italiana y un 75% de española, mis familias gallegas y asturianas (las más cercanas en el tiempo) me inculcaron, directa o indirectamente, el cariño por España. Y así como me ocurre a mí, le sucede a mucha gente, que siente una muy fuerte relación afectiva por la tierra de sus ancestros. Creo que si a eso le sumamos que los latinoamericanos somos por regla general marcadamente emocionales, el resultado es un sentimiento de querencia y de añoranza que constituye un rasgo muy distintivo entre nosotros».

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