miércoles. 17.08.2022

Pokrovsk es la única vía de salida por tren hacia el resto de Ucrania desde el Donbás, donde las fuerzas rusas han tomado casi toda la región de Lugansk. Cada día decenas de personas, muchas de ellas ancianas, escapan por esa ruta de la devastación del conflicto.

Una de las que llega en una ambulancia para ser evacuada es Anhelina Olexandrivna, una mujer de 86 años que bromea al ver una cámara: «Si hubiera sabido que me harían fotos me hubiera maquillado para la ocasión».

El humor y la sonrisa de Anhelina contrasta con el sombrío relato sobre el lugar que deja atrás, Avdiivka, una localidad a 70 kilómetros al sureste, sometida a continuos bombardeos y escenario de intensos combates. «Pensaba que las cosas iban a mejorar pero sólo van a peor, cada día hay heridos, viviendas quemadas, disparos y bombardeos», relata con entereza.

Anhelina ha podido llevarse algo de ropa en una bolsa de plástico, su bastón y algunas medicinas. Deja atrás los recuerdos acumulados en una casa en la que ha vivido durante 40 años.

«Viajo sola porque todos mis familiares han muerto. Estoy sola en el mundo y no sé muy bien qué pasará en el futuro», agrega. Su destino es Dnipro, una ciudad de la retaguardia no tan afectada por la guerra.

VIVIR EN SÓTANOS

La razón para irse es que el estruendo de las explosiones era cada vez más aterrador y ni siquiera refugiarse en un sótano con una docena de vecinos la calmaba. Avdiivka ha tenido cortes de agua, gas y electricidad. «Ya no podía soportarlo», confiesa.

Al final, siguió el consejo del voluntario de una oenegé que le pidió que se marchara porque, además, el techo de su casa no aguantaría la onda expansiva de una explosión cercana y era un peligro más para ella. «No tenemos otra opción que irnos. Nuestras lágrimas no nos ayudan. Tampoco nuestra lucha. Así que sólo queda irse», dice con una sonrisa resignada.

«No estoy interesada en cómo se ha llegado a la guerra, pero sé una cosa: crecí durante una gran guerra, la Segunda Guerra Mundial, y parece que moriré en medio de otra, y nadie merece vivir así», afirma con sencillez. «Que dios no permita que otras personas vivan esta terrible situación, que nadie en Europa la viva», concluye.

La batalla de Donbás se ha convertido en la más letal de la guerra desatada por la invasión rusa de Ucrania el pasado 24 de febrero, y la situación de los civiles atrapados en los combates se hace cada día más difícil.

Pese a los consejos de las autoridades de que abandonen sus hogares cerca de los combates, algunos deciden quedarse y viven en muchos casos sin acceso a agua potable, gas o electricidad.

En medio de la escasez por la falta de suministros, preparan la poca comida que tienen en fuegos al aire libre cuando no caen las bombas. Para las personas mayores y enfermas, la situación es particularmente difícil.

«Crecí en una guerra y moriré en otra, nadie se merece vivir así»