jueves. 18.08.2022

Ya se veía venir el jueves, cuando comenzó en Bali (Indonesia) la reunión de ministros de Exteriores del G20, que la presencia del jefe de la diplomacia rusa, Serguéi Lavrov, en el foro iba a ser tensa. Los llamamientos a que Moscú ponga fin de inmediato a la guerra en Ucrania, los múltiples reproches, la negativa a entrevistarse con él de los ministros occidentales y hasta el rechazo a que apareciera en la foto de familia hicieron que Lavrov pusiera pies en polvorosa a y abandonase el encuentro de forma precipitada. Ni siquiera participó en la sesión vespertina, ni tampoco en la cena oficial.

Los altercados comenzaron en cuanto llegó a Bali. Mientras posaba junto a la ministra de Exteriores de Indonesia, Retno Marsudi, alguien preguntó gritando que «¿cuándo pararán la guerra?», a lo que Lavrov no respondió. Él mismo hizo el comentario siguiente a periodistas que le dijeron de todo en la cumbre de forma «frenética»: «Nos instaron a detener esta operación y alcanzar un arreglo pacífico, pero les pedí que aclarasen lo que quieren. Si son conversaciones de paz, los que las interrumpieron fueron los ucranianos. Pero si lo que desean es la victoria de Ucrania sobre Rusia en el campo de batalla, entonces no hay nada de qué hablar».

Marsudi, la anfitriona del encuentro, señaló que «es nuestra responsabilidad terminar la guerra y resolver nuestras diferencias en la mesa de negociaciones, no en el campo de batalla». El Alto Representante de la UE, Josep Borrell, por su parte afirmó que «una respuesta rápida a muchos de estos problemas sigue estando en manos del presidente Putin, quien debe detener esta guerra y evitar una catástrofe alimentaria y energética mundial».

La foto de familia se frustró cuando, según la agencia japonesa Kyodo, los ministros de Exteriores del G7 se negaron a fotografiarse con Lavrov.

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