jueves 26/5/22

«Lo que se celebra es un referéndum por o contra Europa». A nadie se le escapa que esta advertencia de Emmanuel Macron, repetida hasta la saciedad en campaña, no es banal. Tamizado el oportunismo implícito de todo mensaje lanzado en refriega electoral, la UE tiene claro que el que es uno de sus líderes más europeístas no habla por hablar. Macron cree en Europa, se viene postulando para coger el trono de Angela Merkel y, de manera explícita, la está liderando ya desde enero con Francia en la presidencia rotatoria del Consejo Europeo y un ambicioso plan de trabajo que busca ahondar en la soberanía internacional del bloque. Así que no hay duda; una eventual llegada este domingo al Eliseo de su rival enfrentaría al proyecto común a una nueva crisis de identidad.

Una suerte de ‘tsunami’ en un momento crítico: con una guerra en su descansillo inducida por un líder autócrata imprevisible. Que no solo ha frustrado la hoja de ruta de la recuperación económica poscovid; también ha colocado al bloque ante el bochorno de una absoluta dependencia energética que le está obligando a reinvertarse contrarreloj. Y ante la incertidumbre reforzada de que las tradicionales divergencias internas generen nuevas zozobras. No es que preocupe un ‘Frexit. Eso no está encima de la mesa. Lo que inquieta es otra estrategia, la del caballo de Troya: entrar para dinamitar la UE tal y como la conocemos. Es la táctica por la que vienen apostando desde hace años las distintas corrientes de extrema derecha ante, al menos, tres evidencias: el ‘portazo’ per sé resta votos; el proceso de salida es sumamente complejo; y hay riesgo de caos y congelación real fuera del mercado común. Lecciones aprendidas del ‘brexit’. Así que Le Pen ha desterrado de su programa electoral la ruptura (y con ella la idea de sacar a Francia del euro). Se ha empachado de moderación y su discurso dulcificado, unido al agotamiento doméstico que genera la figura de Macron, la ha permitido recortar distancias como nunca y hay miedo al terremoto. Porque la dialéctica de Le Pen es para opositores y analistas solo un fino envoltorio que ni atenúa su euroescepticismo declarado ni el objetivo que persigue: cimentar una pertenencia a la carta.

La UE contiene la respiración con Francia
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