lunes. 03.10.2022
                      Gregorio Vicario, durante su juicio. SERGIO BARRENECHEA
Gregorio Vicario, durante su juicio. SERGIO BARRENECHEA

El preso etarra de Durango Gregorio Vicario Setién llegó el lunes pasado al Hospital de León, procedente de la prisión de Burgos, donde se encuentra recluido en la actualidad, al objeto de ser intervenido quirúrgicamente para la colocación de un bypass coronario.

Tras un tiempo en que venía padeciendo episodios de dolores en el tórax, el primer aviso relacionado con su dolencia tuvo lugar en mayo de 2020, cuando se encontraba en la cárcel de Topas. Tras una revisión hospitalaria fue de nuevo devuelto a prisión.

Ya durante su reclusión en cárcel de Burgos, Vicario Setíen fue trasladado a Urgencias por dolores y mareos en enero y febrero de 2021. El pasado marzo tuvo una consulta de cardiología, toda vez que el 17 de junio le confirmaron que estaba en la lista de espera para la realización de una prueba de esfuerzo.

Vicario fue sometido a esta prueba el pasado 26 de octubre en el Departamento de Medicina Nuclear del Hospital de Burgos, apreciándosele una isquemia severa de gran extensión. Dada la gravedad de su estado, el pasado 3 de noviembre le realizaron un cateterismo y le colocaron un stent.

El recluso etarra tiene prácticamente perdida la visión del ojo derecho, debido a una oclusión de la vena central de dicho ojo y que su estado es irreversible. Tras varias denegaciones para ser trasladado a una prisión del País Vasco (la última, el pasado julio, la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias decidió mantenerlo en Burgos, contra el criterio de la cárcel burgalesa), ante su delicado estado de salud, el interno solicitó que se adelante la junta de tratamiento que debe analizar su situación.

De 64 años de edad, Gregorio Vicario fue detenido en el Estado francés en 2001 y entregado provisionalmente a España para la realización de juicios, para ser entregado definitivamente en 2016. Lleva 20 años en prisión. Forma parte del grupo de más de 50 presos y presas vascas a quienes se les computa el tiempo de condena cumplido en Francia, por lo que le resta por cumplir aún alrededor de 22 años de cárcel. El colectivo Etxerat hizo un llamamiento «para poner fin a las dobles penas».

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