domingo. 03.07.2022

Arsenio y su mujer Rosana saben bien lo que se juegan si el agua falta en los pastos de su ganado. Cuentan cada uno con su propia explotación en Cubillas de Arbas —a pocos kilómetros de la presa de Casares, en el municipio de Villamanín— y entre los dos suman más de 300 cabezas de vacuno. Fueron los primeros en la provincia en tener certificado de ganadería ecológica y la fuga permanente de agua a Asturias, con el impacto de años incidiendo ya en la merma o incluso desaparición de recursos hídricos de la zona, pone en riesgo su actividad. «La base fundamental del funcionamiento de una explotación ecológica y, también para que sea rentable, exige que más del 80% de lo que consume el ganado salga de la propia explotación», cuenta Arsenio Rodríguez, presidente también de la Asociación de Ganaderos de Montaña de León.

Relata indignado cómo fincas de regadío —así catalogadas en la última concentración parcelaria— «se han convertido de golpe y porrazo en secano tras quedarse sin agua, en secado de segunda, en eriales». Durante los largos años de lucha de los afectados por el impacto ambiental derivado de las obras de los túneles de la Variante de Pajares se ha convertido en una de las voces que lideran la batalla para que la zona recupere el equilibrio de su hábitat, pero reconoce que «las soluciones son muy complicadas» y denuncia la obcecación de Adif en no tomar conciencia de la dimensión de los daños en los municipios de Villamanín y La Pola. «La base del problema es que no creen que hay problema, no lo quieren reconocer». Los estudios que hicieron antes de empezar los túneles son cuanto menos ridículos y atrevidos, ¿y si de verdad sabían lo que iba a pasar?», cuestiona desde su pueblo.

Y recuerda que en su día también se planteó el trazado de la autopista hacia Asturias por esta zona, «aunque finalmente el plan fue descartado porque ya sabían los problemas de filtraciones de agua que se iban a encontrar; ahora —explica a bordo de su tractor mientras realiza sus tareas diarias— con los túneles para el tren se han dado mucha prisa con los estudios, demasiada, y alguien debe ser responsable de lo que ha ocurrido». Como el resto de los afectados, Arsenio mantiene que «o alguien se ha saltado a la torera los estudios, o no se hicieron; se han gastado una salvajada de dinero público y podían haber evitado las fugas de agua que han fastidiado nuestro ecosistema».

El caudal de agua que necesita el río Bernesga para mantener su cauce «acaba en Asturias y agua hay la que hay, no podemos poner una fábrica para que la produzcan...». Con los problemas ya sobre el terreno, al menos, quieren convertirlos en soluciones.

«De golpe y porrazo las fincas y pastos de regadío se convirtieron en eriales»