miércoles 18/5/22
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José Antonio Diez. DL

A la tercera, José Antonio Diez logró ayer que fuera de nuevo la vencida. Más de 10 años después de que diera la primera batalla para hacerse con el poder orgánico de la agrupación local del PSOE de León, el ahora alcalde afrontó un nuevo plebiscito en el que reivindicarse de manera interna y sustentar su candidatura al Ayuntamiento de León del próximo año. Si perdía, entendía abierta la puerta para irse a otra formación como cabeza de cartel, aunque después de agotar la vía judicial, como había advertido para avisar al aparato de que no se rendiría fácil. El heredero de los Nanetes, la corriente histórica que encabezaba su tío y que sustentó a todos los mandatarios del socialismo leonés, sabe que el partido es una pelea continua.

Al abrigo de esta ascendencia política, Diez empezó a coquetear con la política ya en 2006. Entonces, con Francisco Fernández en la oposición, después de la moción de censura firmada por Mario Amilivia y José María Rodríguez de Francisco, el joven geólogo, que se había quedado sin trabajo, se arrimó al grupo del exalcalde. La cercanía le dio un puesto en la lista de 2007 y, con la victoria electoral y el apoyo de la UPL, la Concejalía de Movilidad y Seguridad. En el cuartel del parque, pronto le bautizaron como el sheriff por su mando inflexible y su control estricto, como el que exhibió la mañana en la que, antes del cambio de turno, apareció de improviso para pillar a los que se iban ido un poco antes de la hora. Tuvieron que dar la vuelta, tras cruzarse con el coche del edil, quien tomó nota. Nunca olvida.

Los cuatro años en el gobierno municipal acabaron con las elecciones de 2011. La derrota en las urnas incendió el partido. El liderazgo de Francisco Fernández, que se había extendido desde la local hasta la provincial, se desmoronó y arrastró a todos los que formaban su guardia pretoriana. No le pilló a Diez, que para entonces se había convertido en crítico. Desde el seno del grupo municipal desafió el control de los deudos del exalcalde, que había dejado como portavoces en el Ayuntamiento de León a María Rodríguez y Natalia Rodríguez Picallo, y asaltó el poder de la local que controlaba otro de sus excompañeros, Miguel Ángel Fernández Cardo. Ahí, tras un expediente no resuelto y una lucha por 35 afiliaciones que le intentaron retener, tuvo su primera victoria sin rival, sustentada en la tutorización de uno de los veteranos más avezados, el exsenador José Giménez, y con la connivencia de quien había llegado desde Ferraz para liderar la provincial, Celestino Rodríguez.

Una pelea a cara de perro
En el congreso provincial no dio la batalla, pero creía que Cendón le respetaría en la agrupación local. No lo hizo y ha tenido que volver a ganarse primero con los suyos ser de nuevo el candidato

La victoria le sirvió para encabezar la candidatura al Ayuntamiento en 2015. Pese a que el PP no revalidó la mayoría absoluta, Antonio Silván fue alcalde con los votos de Ciudadanos. Otros cuatro años más en la oposición le daban a Diez tiempo para pensar en su futuro. Hubiera podido ser otro, con aspiraciones de procurador autonómico o diputado nacional, si hubiese ganado la pugna por el control de la dirección provincial. Con Celestino Rodríguez en retirada, a finales de 2017 se postuló frente a Javier Alfonso Cendón y Diego Moreno. No pasó ni siquiera la primera vuelta. Tuvo que refugiarse de nuevo en la agrupación local tras un pacto de no agresión con el nuevo líder del partido. Arropado por los suyos, en enero de 2018 ganó de manera más que holgada frente a la candidatura de la corriente de Compromiso Socialista encabezada por Belén Castañón, después de que Cendón se pusiera de perfil tras comprobar que no había opción de derrocarle entonces.

Ahora, vuelve a intentarlo con más ahínco, pese a que en el último congreso provincial habían vuelto a acordar de manera tácita un pacto de no agresión en el que cada uno respetaba el terreno del otro. Pese a haber enarbolado la bandera del leonesismo, forzada por la moción de la UPL que le obligó a ir más allá del discurso contra la comunidad que planteado en el programa nocturno de Carlos Alsina, Diez se limitó ante la asamblea a pedir respeto para poder "expresar los sentimientos", sin reclamar la autonomía ni liderar a los concejales y alcaldes que habían apoyado en sus ayuntamientos la propuesta. No fue a la guerra porque la sabía perdida, pero confiaba en guarecerse de nuevo en la agrupación local para continuar como candidato el año que viene. Por tercera vez, tendrá que ganárselo primero con los suyos.

El heredero de los Nanetes