viernes 13.12.2019
Villaquilambre

Navatejera logra su particular encaje de bolillos

Medio millar de bolilleras llegadas del norte de España muestran su arte en el polideportivo
Las 500 bolilleras llegaron de Pamplona, Cantabria, Galicia y la Comunidad. FERNANDO OTERO.
Las 500 bolilleras llegaron de Pamplona, Cantabria, Galicia y la Comunidad. FERNANDO OTERO.

La tecnología no ha podido con los bolillos, que siguen utilizándose seis siglos después para entretejer hilos y crear textiles, bordados y puntillas. El típico tintineo al entrechocar estas piezas inundó ayer el Polideportivo de Navatejera, donde se reunieron medio millar de bolilleras y un niño de 10 años para mostrar que su arte está en pleno apogeo en el siglo XXI. Desde hace cuatro años se citan en esta localidad de Villaquilambre para impulsar un encuentro que ha ido ganando manos tejedoras de las 300 iniciales a las 500 de ayer.

 

Las bolilleras llegaron de todo el Norte, sobre todo, de Pamplona, Cantabria, Galicia y Castilla y León. Según recordaron, la paciencia es la principal virtud a la hora de enfrentarse a las bobinas de hilo para iniciar la labor. También llevar un orden y si se goza de buena vista, mejor. El encaje de bolillos es una tradición ancestral que está más viva que nunca como acreditaron ayer las 500 bolilleras, que demostraron su destreza con los hilos en esta complicada técnica textil.

 

El concejal de Cultura, Participación Ciudadana, Educación y Deportes, Rodrigo Valle, explicó que se habían dispuesto cinco mesas alargadas para cien personas cada una en el Polideportivo y puestos de abalorios, bolillos e hilos en todo el perímetro.

 

Destacó que es una actividad que «recupera tradiciones» y que animó Navatejera. Para atender a las bolilleras se sirvieron platos de pastas, bebidas y jamón. Valle también resaltó la labor de la Asociación de Bolilleras Leonesas, que organiza un certamen, apoyado por el Ayuntamiento y la junta vecinal, en el que se vieron puntillas, ligas y tapetes confeccionados con la técnica de los bolillos. Cada bolillera posee sus trucos, pero todas coinciden en que no se puede casi levantar la vista de los nudillos sobre los que sostienen su labor «para no perder el hilo».

Navatejera logra su particular encaje de bolillos