sábado 17/4/21
Campaña de esquí

La pandemia arruina la temporada al sector del esquí en un año bendecido por la nieve

Los negocios a pie de pista y sus áreas de influencia sufren un doble impacto por la estacionalidad del ocio blanco
Cebolledo
Los fines de semana la estación de San Isidro está más animada, aunque las restricciones de aforo no permiten afluencias masivas. JESÚS F. SALVADORES

Las vacaciones escolares de Carnaval marcan tradicionalmente en el calendario de San Isidro y Valle de Laciana-Leitariegos el mejor momento de la temporada en ingresos para el sector del esquí, fundamentalmente, por la elevada afluencia de usuarios en las pistas. La pandemia fija este año, en las mismas vacaciones y con mucha nieve, un panorama bien distinto en las estaciones. Las restricciones impiden que ambos enclaves invernales reciban huéspedes de Galicia y Portugal, los clientes más fieles de los alojamientos de estos enclaves invernales. Su ausencia, junto con la de los asturianos, ahondará en la crisis del sector, cuyas pérdidas se elevan por encima del 80%.

Los límites de aforo fijados por la Diputación para las estaciones por la alerta sanitaria impedirá que alcancen en Carnaval sus habituales cifras de usuarios, con pistas abarrotadas y todos los alojamientos y la hostelería al completo. Además, en el caso de San Isidro, una de sus vertientes —la de Puebla de Lillo— sigue hasta hoy a las 18.00 horas bajo las medidas excepcionalísimas obligadas por la Junta desde el 31 de enero, ante la alta incidencia de la pandemia. Una circunstancia que no permite a la hostelería ni siquiera servir en terraza y ha dejado sin clientes a sus habitaciones. Estas restricciones incluyen a la hostelería situada a pie de pista en los sectores de Salencias, Cebolledo y Requejines, que atienden por ventanilla y han preparado todo sólo para llevar. Sin embargo, en Riopinos, en la vertiente de Valdelugueros, la cafetería puede disponer de la terraza para sus clientes.

Después de Navidad
«El bajón» llegó tras las fiestas, cuando ya tampoco venían de otras provincias de la Comunidad

«Antes de iniciar la temporada éramos conscientes de lo que supondrían las restricciones en pérdidas de esquiadores, pero nosotros pensamos en el rendimiento social», manifiesta el diputado de Turismo. Nicanor Sen recuerda que León fue la primera provincia en abrir sus pistas, «porque pese a las restricciones nuestro objetivo es que se mantenga la actividad económica en los entornos de San Isidro y Leitariegos».

La estacionalidad del ocio blanco y todos los negocios que lo rodean magnifica la crisis hostelera, ya que para la mayoría la temporada supone todos sus ingresos del año o, al menos, el porcentaje más elevado. El bloqueo por el momento de las Escuelas de Invierno, incluidas en la Campaña de Nieve 2021 de la Diputación, con la prevista presencia entre semana en las pistas —desde enero y al menos hasta finales de marzo— de 2.570 niños y adolescentes (1.770 en San Isidro y 800 en Valle de Laciana-Leitariegos), y un centenar de acompañantes: 80 y 32, respectivamente. Sólo estas escuelas supondrían unos ingresos para el sector participante, a través de adjudicaciones por concurso, de 425.000 euros, además de empleos en las áreas de influencia. Y no sólo alojamientos y manutenciones, en su doble sistema (diario y semanal), sino también las clases en las escuelas de esquí, el transporte y monitores de tiempo libre. Los ingresos por esta vía representan cada campaña un espaldarazo para el balance de estos establecimientos, como cuenta Eusebio del Castillo, del alojamiento Casas de Montaña Alto Curueño, en Valdelugueros. «Recibimos una media de 300 escolares, pero esta vez no vendrán y encima Riopinos estuvo un mes cerrado...»

Un pueblo sin turistas
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Un mazazo también para las escuelas de esquí, que tienen a las Escuelas de Invierno como principales clientes entre semana. «Y en una temporada como ésta, el único trabajo que tendríamos garantizado sería esta campaña de la Diputación, porque tampoco pueden venir los colegios de otras comunidades», recalca el responsable de la Escuela Española de Esquí y Snow Arropaje, Raúl Blanco. Los ingresos vía Escuelas de Invierno aportan alrededor del 35% de la facturación del centro. Estos escolares suponen para las dos escuelas de la estación, repartidas entre los sistemas diario y semanal, cerca de 2.000 horas de clase (cifras de la pasada campaña) y ocho semanas de trabajo. En el caso de Valle de Laciana-Leitariegos, las horas totales suman 1.120, que imparten las dos escuelas, cada una su modalidad.

En el hostal y restaurante Pico Agujas la actividad con las Escuelas Invernales llena el establecimiento durante esas ocho semanas, de lunes a viernes. La encargada de su gestión, Natalia Castañón, explica que suponen en su conjunto 300 escolares con pensión completa, más dos turnos —con otro medio centenar— sólo para comer (sistema diario). «Este programa permite hacer rentable a Pico Agujas y garantizar el lleno esas semanas; ahora mismo las pérdidas son diarias». Otro de los concesionarios del sistema semanal, pero en Villablino, incide en la misma idea: «Las escuelas son muy necesarias para complementar nuestros gastos anuales, las necesitas como un fijo», dice Roberto Rodríguez, del Albergue Francisco Giner de los Ríos, con 330 estancias a pensión completa durante esas seis semanas.

Abonos anuales
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Ante este bloqueo, por la alerta sanitaria, la diputada de Deportes y Juventud, Susana Folla, declara que la institución provincial ya ha descartado el sistema semanal, pero confía en que al menos algunos grupos del diario puedan aprovechar el programa a partir del 23. «Si hay menos restricciones, si baja la incidencia, podemos retomar las negociaciones con Educación para que lo permitan». También está pendiente el programa Deslízate.

El único momento en que el sector pudo «salvar los muebles» fue antes de que empezara el perimetraje de cada una de las provincias de la Comunidad, tras Navidad. En esas semanas, desde que pudieron abrir (el 12 de diciembre), llegaron a San Isidro esquiadores nunca vistos por allí, de Valladolid, Zamora, Palencia, Salamanca., incluso de Madrid, aunque tenían vetada la salida de su territorio. «Era el único lugar donde podían esquiar y nos descubrieron, cuando ya no pudieron viajar, llegó el bajón», lamenta el responsable de las cafeterías de Requejines y Riopinos, Nacho Álvarez.

Y en una concatenación de adversidades, la vertiente de Riopinos estuvo cerrada más de un mes por peligro de aludes, un golpe doble para su hostelería que alzó su voz de protesta. El accidente de la quitanieves asturiana ha condicionado también la temporada en San Isidro, no sólo por el exceso de celo ante los aludes, que bloqueó la entrada por Vegarada, sino para trabajadores de la hostelería residentes al otro lado del puerto que tuvieron que alojarse en la estación para evitar el viaje de rodeo, con más costes para sus contratadores.

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