viernes 23/10/20
| Retablo leonés | Apunte histórico en la montaña leonesa |

Un paseo por la Tierra de la Reina

Las intrigas palaciegas y la búsqueda de paz llevaron a la reina Doña Constanza a elegir la montaña noreste de la provincia para vivir en ella
Panorámica de la romería de Santo Tirso en su ermita de Boca de Huérgano
En el extremo noreste de la provincia de León, con frontera en las provincias de Santander y Palencia, se encuentra una de las más sugestivas comarcas de nuestra montaña: la Tierra de la Reina, que comprende una jurisdicción compuesta por los pueblos de Barniedo, Besande, Los Espejos, Llánaves, Portilla, Siero, Valverde de la Sierra y Villafrea. Todos ellos integrados en el municipio que encabeza la señorial villa de Boca de Huérgano. Las características excepcionales de la zona y la trama histórica de su formación, justifican el apunte que desde este Retablo dedicamos al conocimiento de su territorio. Sin estar totalmente de acuerdo los historiadores de peso, en cuanto al origen del apelativo «de La Reina», la tradición se lo viene adjudicando desde muy antiguo a doña Constanza Enríquez, hija de don Tello, Infante de León y Castilla, hermano bastardo de Pedro I El Cruel , así como hermano también de Enrique II de Trastámara, hijos todos ellos de Alfonso XI. Por todo ello la protagonista de nuestro relato estaba plenamente enraizada en la realeza castellana y leonesa, ya que era nieta y sobrina de reyes por partida doble. Bien fuera por la búsqueda de la paz bucólica que ofrecía y ofrece el privilegio de vivir en la montaña, o el deseo de no participar en las intrigas palaciegas que desembocaron en las luchas fratricidas de Pedro y Enrique, sus tíos, el caso es que doña Constanza eligió esta tierra para vivir en ella, pues ostentaba el pleno señorío sobre todo el territorio por haberlo heredado de su madre, doña Juana de Lara, cuyos antepasados habían gobernado esta comarca desde el castillo de Siero, y emparentado con los Tovares de Boca de Huérgano. Como aval de esta historia, y con el ánimo de contrastar viejos documentos archivados en la Catedral de León con los restos que pueden subsistir, o la tradición oral, pudimos comprobar en Siero, sobre una eminencia situada al este del caserío, los restos de un castillo que los lugareños siguen llamando «de don Tello», que según se describe en el libro de apeos del siglo XVI, «se trata de un castillo que presenta una recia figura semejante a un fuerte con dos torres almenadas». No en vano quedó bautizada esta tierra, como de La Reina , pues el influjo de doña Constanza y su acción benefactora se palpa aún en el recorrido de estos lugares. Una vez desaparecidos sus padres, y nombrada heredera universal de todos sus bienes, comienza la restauración del castillo de Siero, y más tarde emprende la construcción de la capilla de la iglesia en el pueblo de Los Espejos, obra que concibió como panteón para recibir sus restos. Presenta esta capilla un crucero con dos arcos, uno alanceado con chaflanes y guarnecido de moldura y un lucillo, y a mano derecha otro arco sobre columnillas, en el que se asegura, con una inscripción, que «aquí está enterrada la Reina Constanza», si bien, según afirmaciones autorizadas, doña Constanza Enríquez fue sepultada en la Abadía de San Martín, en Portilla de la Reina. La importancia de este templo de Los Espejos, se puede comprobar por el hecho de estar recogida por el ilustre arqueólogo, Gómez Moreno, en su Catálogo Monumental de la provincia de León , la describe de la manera siguiente: «La nave del templo es más ancha que larga, con bóveda de sólo terceletes, ligados mediante otras ramas en forma de cruz pero sin ojivas. En su clave central hay un león y un castillo y las otras llevan florones. Se ve una imagen de la Virgen sentada, con una manzana y el Niño, con libro, en actitud de bendecir, afirmándose que todo ello procede del siglo XIV». En cuanto a la familia de Tovar, emparentada con los Enríquez, quedó como heredera de estas tierras, y asentaron su solar en la villa de Boca de Huérgano, donde todavía se pueden contemplar las ruinas de lo que una día fue torreón cuadrado hecho de mampostería con tres pisos de habitaciones confortables y ventanas de varias hechuras y tamaños, desde alguna de las cuales asomaría con cierta frecuencia la grácil figura de doña Leonor de Tovar, dama que cautivó con su hermosura al famoso caballero, Suero de Quiñones, quien por ella fue capaz de llevar el dogal al cuello, y emprender la más sonada hazaña del Bajo Medievo: el Paso Honroso de la Puente del Órbigo. La romería de Santo Tirso A poco más de un tiro de piedra de la villa de Boca de Huérgano, los montañeses de reúnen en torno a la ermita de Santo Tirso en los primeros días de septiembre. La ermita, que data del siglo XVI, ha sido muy cuidada y restaurada por la actual Corporación municipal, que preside Tomás Sierra, alcalde que encabeza la celebración de la romería del Santo, a la que acuden multitudes de fervorosos devotos que esperan los favores del Santo para sus dolencias óseas, ya que el titular de la ermita sufrió el martirio serrándole los huesos. Es más que sabido en la montaña de Riaño, que la romería de Santo Tirso es la cita obligada que mantiene una tradición secular para rendir el tributo que se le debía desde tiempos remotos a «La Villa», como se sigue nominando a la histórica cabecera del municipio.

Un paseo por la Tierra de la Reina