lunes 23.09.2019
ALTAS CAPACIDADES

El niño que leía revistas científicas a los seis años

Y nadie supo que tenía altas capacidades. La Asociación Leonesa de Altas Capacidades (Alac) dio ayer la palabra a personas como Roberto Simón como espejo para la transición a la vida adulta de los jóvenes. Alac quiere identificar y visibilizar las altas capacidades y saber qué ocurre cuando esto no sucede. Como le pasó a Roberto. Entre el 5-10% del alumnado es altamente capaz pero en León sólo se identifica al 0,25%. .
El niño que leía revistas científicas  a los seis años

Roberto Simón Fernández tiene 42 años y está al frente de una clínica de fisioterapia en León. Es una persona con altas capacidades pero nunca fue identificado como tal en su etapa escolar. Se dio cuenta de que «algo pasaba» mientras estudiaba una asignatura de la carrera.

«Leí un artículo científico que hablaba de altas capacidades y me vi reflejado. Era un adulto no diagnosticado. Un fin de semana que vine a León se lo di a leer a mi hermano sin decirle nada y me dijo: Están hablando de ti».

Ayer, Roberto se convirtió en un referente para las familias que tienen hijos e hijas con altas capacidades al participar en la jornada de Alac dedicada a la transición a la edad adulta durante las jornadas que organiza esta asociación, que se desarrollaron en el salón de actos de la Escuela de Ingenierías de la Universidad de León.

Las familias, en su mayoría con niños y niñas en edad escolar, quieren conocer cuál ha sido el proceso de transición a esa vida adulta desde que eran niños y adolescentes hasta el momento actual porque según explica Laura Martínez, presidenta de Alac, «consideramos muy importante la identificación y visibilización de las altas capacidades y saber qué ocurre cuando no se identifican».

A Roberto, que leía el ‘Muy interesante’ con seis años, nunca le consideraron un niño con altas capacidades. «No sabían si leía o veía las fotos y nunca estudié: oía las cosas en clase iba al examen y las ponía».

«Repetí séptimo y octavo de EGB. Me aburría muchísimo en clase, quería hablar de aceleradores de partículas y física cuántica y estaban con la tabla periódica. No estudiaba y suspendía», explica. Nadie detectó que algo pasaba.

Cuando cumplió 11 años en clase de Música el profesor retó a aprobar la asignatura a quien, al día siguiente, pudiera reproducir en el teclado la canció que había hecho. Roberto levantó la mano y dijo: «¿Puedo hacerlo ahora?», El profesor le miró con sorpresa y asintió. Cuando escuchó la melodía no tuvo más remedio que cumplir su palabra y le puso sobresaliente.

Aquel día sí llamaron del colegio a su casa. Pero todo quedó en que «era un niño al que se le daba muy bien la música. Me llevaron a una academia, pero me desmotivó porque eran niños pequeños», explica. Luego aprendió a tocar la guitarra solo, pero nunca estuvo motivado para hacer un grupo de rock.

«Fui dando trompicones, hice un módulo de grado medio y otro superior hasta que me decidí por hacer fisioterapia», relata. Cuando aquellos días de su primer curso en Madrid empezó a pensar que era una personas con altas capacidades, «empecé a analizar mi vida: me leo un libro y lo aprendo, soy capaz de tocar una canción con solo escucharla... Eso es capacidad de integración, lo que para un médico sería el ojo clínico», comenta.

El infradiagnóstico de las personas con altas capacidad continúa a día de hoy. Laura Martínez Sevilla, presidenta de Alac, llama la atención en cuanto al porcentaje de identificación de alumnos con altas capacidades en Castilla y León que según los últimos datos es del 0,2% de la población escolar «y esto quiere decir que si los expertos hablan de un 5% o 10%, aún faltan por identificar muchos alumnos».

El caso de Roberto Simón sirvió ayer de espejo a las familias y a los profesionales que se dieron cita en la jornada. «Cuando supe que era una persona de altas capacidades aumentó la confianza en mí mismo», subraya. Este leonés desmontó ayer algunos de los estereotipos que existen sobre las personas con altas capacidades y que la asociación Alac también quiere derribar para que se reconozca la diversidad y heterogenidad que existe.

«Un niño con alta capacidad no tiene por qué tener problemas de socialización, yo nunca los tuve. No soy un Sheldon»», explicó Roberto Simón. «Hay que fijarse en que le gusta, si pasa mucho tiempo jugando con puzles o le interesan muchas cosas a la vez», señaló en alusión a algunas características que se pueden dar.

Laura Martínez señaló al respecto de los estereotipos que las personas con altas capacidades no tienen que ser (o parecer) genios, ni tener problemas de habilidades sociales o poco o mucho rendimiento escolar. Son tan diferentes como las demás. Ocurre en la infancia y en la edad adulta.

La asociación, en colaboración con la ULE, quiere poner en marcha un programa de mentorización con profesorado universitario para dar a los adolescentes la oportunidad de asistir a talleres que sirvan para motivarles en edades que son críticas. «Están funcionando muy bien en Cantabria, Baleares y Málaga y nos gustaría que se pueda hacer en León para abrirles más las expectativas», subraya la presidenta.

Félix Ruíz y José Luis Pérez, presidente y secretario de la Fundación Talentum y socios fundadores del Centro Ayalga en Asturias, abordaron la transición de las personas con altas capacidades a su vida adulta, con su ponencia ‘Alcanzar el bienestar psicológico en las personas de altas capacidades, ¿Es posible?’.

Y, sí, es posible. Dieron pautas como aceptarse, tener propósitos en la vida y aprender a manejar el estrés necesario para el rendimiento óptimo. También dieron pistas sobre cómo el entorno percibe a estas personas, muchas veces envidiadas por su forma de afrontar el trabajo con éxito. «El inconformismo que te hace mejorar no es lo habitual, pero ese éxito también genera rechazo social y nadie quiere ser rechazado», precisaron los expertos.

El niño que leía revistas científicas a los seis años