jueves 27/1/22

Era hijo de Fernando III el Santo, rey de Castilla y León, y de Beatriz de Suabia. Nació en Toledo, el 23 de noviembre de 1221. De niño, pasó temporadas en Galicia, ya que sus cuidadores tenían posesiones en Allariz (Orense) y lo llevaban con ellos; por tanto, estuvo rodeado de personajes gallegos. La lengua gallega era hablada por un considerable número de súbditos y al pequeño príncipe no debió costarle aprenderla y luego a versificar en gallego-portugués.

Galicia, hacia la última mitad del siglo XII, recibió influencia de la lírica provenzal, pero tuvo personalidad propia y muy definida. Es preciso recordar la contribución de las peregrinaciones a Santiago de Compostela en la difusión e intercambios culturales.

El influjo de la lírica gallega fue decisivo sobre los comienzos de la lírica castellana, mucho más retrasada. Los primeros poetas castellanos usaron la lengua gallega como vehículo de su inspiración, como el rey Alfonso X en sus Cantigas de Santa María, e incluso otros poetas castellanos se expresaron en gallego durante el siglo XV.

Galicia, al margen de los azares bélicos de la reconquista, envuelta en sí misma en el marco de la naturaleza emotiva, incita a la lírica con su particular y melodiosa lengua.

Alfonso X se casó con Violante, hija de Jaime I de Aragón. Fue coronado rey en 1252. Tuvo virtudes y defectos, quizá el mayor de éstos fue pecar de blando y generoso; entre sus virtudes, figura el amor al saber y el espíritu de justicia. El reinado del rey Alfonso X es una época de cultura que el monarca fomentó viniera de donde viniera y acrecentó la convivencia de las tres culturas, con sus lenguas y creencias respectivas.

Su obra y trabajos por él dirigidos le han valido el sobrenombre de «Sabio». Hombre interesado por todos los problemas del universo, historiador y legislador, impulsor de la prosa castellana, pero cuando escribió en verso, lo hizo exclusivamente en gallego.

Escogió el gallego-portugués para expresar lo más íntimo y personal, como el fervor y devoción a María, en su repertorio de milagros y loores que se materializan en las Cantigas. Nutrida colección de cuatrocientas veintisiete composiciones, en metro variado y de distinta extensión.

El monarca gran fervoroso mariano quiso hacerle este fino obsequio poniendo en verso todas las leyendas y hechos milagrosos de que tuvo noticia a través de las distintas fuentes. Alfonso el Sabio da un sello personal a una serie de relatos milagrosos sobre la Virgen que ya habían sido tratados por otros autores, como el famoso Gautier de Coinci.

Las Cantigas fueron escritas para ser adaptadas a la música que el mismo rey compuso. Texto y música, copiados en lujosos manuscritos, van acompañados de hermosísimas miniaturas que ilustran cada cantiga y que son, sin duda, el más bello documento artístico en libros españoles medievales. Las Cantigas constituyen, por sus versos, sus melodías y sus miniaturas, un compendio artístico inigualable.

Contrastando con el tono religioso de las Cantigas, el monarca compuso una treintena de composiciones también escritas en gallego, pero de carácter amoroso y satírico.

Alfonso X tenía especial predilección por las Cantigas de Santa María y, en su testamento, dispuso que se custodiasen en la misma iglesia de su enterramiento y, que todos los años en las fiestas de la Virgen, se cantaran. Murió el cuatro de abril de 1284, en Sevilla.

Las numerosas obras que tuvo que manejar para la composición de sus grandes obras le aportaron gran riqueza de vocabulario que vendría a engrandecer ya y para siempre nuestra lengua; por tanto, es de justicia y de reconocimiento recordarlo y festejarlo en el octavo centenario de su nacimiento.

Alfonso X El Sabio. VIII Centenario de su nacimiento
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