viernes 3/12/21

Me van a permitir que vuelva a insistir en la enorme cantidad de dinero que busca destino y habiendo tratado sobre los malos tiempos para el ahorrador conservador y las alternativas en activos reales para patrimonios elevados o para partícipes en fondos de pensiones, toca hablar del capital riesgo y sobre todo de las startups, que en mi opinión pueden tener un magnífico futuro en León. Si no esperamos sentados, claro.

España no es un país especialmente emprendedor, quizá por ello llamamos capital riesgo e incluso algún «castrista» denomina fondos buitre a lo que los anglosajones consideran emprender o atrevimiento (Venture Capital) y los alemanes llaman oportunidad (Chancenkapital). Estrictamente se centran en la toma de participación temporal y minoritaria en el capital social de empresas de pequeño o mediano tamaño no cotizadas en bolsa y que se encuentran en fases iniciales de su desarrollo. También pueden operar como tabla de salvación para compañías en graves dificultades o aquellas en las que observan un claro potencial de mejora. Ultimamente se admite ampliar el concepto con la inversión en activos alternativos, como renovables y también se habla del novedoso término SPAC (Special Purpose Acquisition Company), cotizadas en bolsa cuyo propósito es captar dinero para la adquisición de una empresa y que en lo que llevamos de año han reunido ya 140 mil mn de dólares en EEUU.

En España el dry powder o capital disponible captado para invertir este año alcanza los 4.400 mn, importante cantidad pero a años luz del poderío de gestoras extranjeras como Blackstone, Apollo o CVC (por encima de 20 mil mn cada una). Ha habido últimamente multitud de operaciones, pero dado que somos un país encantado con el panem et circenses me referiré a los 1000mn que pagó Cinven por una participación mayoritaria en Restaurant Brands Iberia, la matriz de Burger King España o la oferta de CVC por el 10% de los derechos de LaLiga por 2.700 mn, señalando que cualquier gestora privada española de pequeño tamaño maneja mucho más dinero y con menos personal que la Junta de Castilla y León a través del correspondiente departamento del ICE (Instituto para la Competitividad Empresarial), debiendo pedir cuentas por su escaso desempeño, máxime ante el colmo de la desfachatez de los sindicatos pidiendo más personal. Lo mismo puede decirse de su aceleradora Wolaria, que sigue sin aparecer en ningún ranking. Por otra parte, hay que señalar que sólo el 1% de los activos de los fondos de pensiones españoles están invertidos en capital riesgo, mientras en nuestro entorno superan el 10%, llegando algunos fondos de pensiones públicos o de funcionarios estatales a niveles mucho más altos (Canadá, EEUU o Suecia). Y por supuesto los fondos que financian investigación y becas en universidades anglosajonas (endowments).

Por tanto, hay más dinero buscando invertir en empresas que buenas empresas dispuestas a recibirlo. En el caso de León, porque son demasiado pequeñas. Para hacernos una idea, en el mundo bursátil se habla de más de 300 mn en referencia a las small caps, pero no de ventas, sino de valoración, cifra a la cual no llegaría ninguna empresa leonesa aplicando las métricas de valoración ortodoxas. Es criterio admitido que la mayor parte de las empresas pequeñas son menos productivas, tienen peor solidez financiera, invierten menos, no ofrecen buenas remuneraciones, atraen menos talento o sus trabajadores tienen un menor nivel formativo. Parense a pensar en la ínfima cuota de mercado nacional de nuestros productos agrolimentarios e incluso en las tan comentadas TIC, biotech o pharma leonesas, que no superan en el mejor de los casos la facturación de grupos de restauración familiares que sólo operan en Madrid como Oter, La Máquina, El Paraguas o el descendiente de maragatos y reciente comprador de Lhardy, Pescaderías Coruñesas. Menos que estas dos últimas juntas facturan las 38 empresas del Parque Tecnológico de León (97,22 mn), lo cual hace pensar, atendiendo al número de empleados, que el sueldo medio es muy bajo. Además la mayor empresa industrial de capital leonés no llega a 200 mn de facturación, mientras que en Burgos o Palencia, por no hablar siempre de Valladolid, nos encontramos con empresas locales que facturan cientos o incluso superan de largo la cifra de mil millones de Euros (Antolín, Pascual o Gullón).

Sin embargo, creo que en el terreno de las startups (empresas de base tecnológica y pymes innovadoras de reciente creación y con alto potencial de crecimiento) o empresas emergentes como las llama el gobierno en un anteproyecto de Ley de fomento de las mismas carente de ambición, León tiene claras ventajas: Calidad de vida, excedente de oferta inmobiliaria asequible, dos horas en AVE de Madrid, sectores pharma, biotech y tech pequeños pero con una cierta masa crítica, fábrica de talento (Universidad) y el Incibe. Debemos aprovechar la ola inversora que lleva a que en el primer trimestre de este año el capital riesgo captó 1.541 mn para startups españolas, con multitud de rondas de inversión (no sólo fondos de capital riesgo sino también crowdfunding y crowdlending), destacando Idealista, Wallapop o Glovo, la cual levantó 450mn recientemente. En Europa hablamos de 47,4 mil mn en el primer semestre del año y a nivel global de 280 mil mn. Cuando pensamos en empresas que nacieron en un garaje no sólo están las FAANG (Facebook, Amazon, Apple, Netflix o Google), sino otras muchas que están de moda en las carteras de fondos de inversión, sobre todo en los negocios de comida a domicilio (Hello Fresh, JustEat, Delivery Hero, UberEats, DoorDash, Greggs o Grubhub), textil (Boohoo, Etsy) Mobilidad (D´leteren), u otros digitales (Sea Ltd, Next Fifteen o Locaweb.)

Existen multitud de apoyos y rondas de financiación promovidas por grandes empresas (BBVA, Caixa, Bankínter, Telefónica o Repsol), eventos (South Summit, Investors Day PEXXI, Demo Day), premios (Emprendedor XXI, Expansión) o plataformas que ponen en contacto inversores con emprendedores (Fellow Funders, Startupxplore) con más de 30 registradas en la CNMV, pero también iniciativas que me gustaría destacar. El accionista principal de Mercadona, Juan Roig ha invertido personalmente más de 100mn en Marina Empresas, que engloba todas las fases de puesta en marcha, incluso con una Universidad privada y escuela de negocios (EDEM) y su existosa Lanzadera, que ha impulsado ya 700 empresas y que este año han elegido 70 startups entre 1000 candidatas. 300 proyectos están instalados ya en Marina Empresas.

Este creo que debe ser el modelo, por lo que la Universidad debería jugar un papel relevante, ya que los ecosistemas más innovadores y dinámicos a nivel mundial poseen fuertes lazos con estas instituciones. A ello responden modelos de éxito como la agencia escocesa contra la despoblación, con sede en la University of the Highlands and Islands, la fuerte posición de Holanda en el sector agroalimentario o Israel como el país con mayor número de patentes por habitante y que supuso en 2020 el 41% de la inversión mundial en ciberseguridad. Incluso una pequeña ciudad portuguesa como Aveiro tiene una incubadora de empresas en el campus. Para ello la Universidad debe ser consciente de que en unos casos está formando personas para un mundo que ya no existe y en otros preparando opositores, como una academia. Es obligado tratar a los alumnos como lo que son, clientes que buscan las competencias que demandan las empresas para una empleabilidad de calidad y justificar su existencia en algo más que la cuasi gratuidad a cargo del contribuyente.

En cuanto a la ciberseguridad, destacar que recientemente la portuguesa Feedzai ha comprado la española Revelock para crear el mayor gigante mundial de seguridad en el comercio digital. En León tenemos al Incibe, pero debemos advertir que su mera existencia no significa que tengamos garantizado ser un polo de ciberseguridad, otras ciudades llevan haciendo su trabajo desde hace mucho tiempo. Hace poco hemos visto el apoyo que Europa ha dado al Basque CyberSecurity Centre (BCSC) en el desarrollo de este tipo de empresas para poder competir con EEUU, Reino Unido o Israel. Y eso que sólo es una pata de la fuerte apuesta vasca por el emprendimiento desde hace muchos años. Málaga también se ha convertido en un importante centro, gracias a un Ayuntamiento con cuentas saneadas y visión de futuro. Hasta Talavera de la Reina nos lleva la delantera digital.

En conclusión, necesitamos ver startups y spin offs en la Universidad, patentes o empresas locales de ciberseguridad naciendo al abrigo del Incibe. Las rondas de financiación llegarán por añadidura, hay mucho dinero buscando destino. Brillante futuro con estos dos grandes activos que han supuesto un modelo de éxito en una ciudad israelí del tamaño de León, Beer Sheva, donde Dell e IBM tienen sus ramas de ciberseguridad, fruto del trabajo de investigación iniciado en 2004 por la Universidad Ben Gurion con Deutsche Telekom. Y un pero, la falta de agilidad y la burocracia. No se entiende cómo no se ha ampliado hace tiempo el Parque Tecnológico o que el Ayuntamiento de una ciudad que aspira a ser una smart city tarde casi nueve meses en liquidar el llamado impuesto de plusvalías, cuando en cualquier otra ciudad el trámite se realiza literalmente en 10 minutos. Y eso que es para cobrar.

Capital riesgo y ‘startups’
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