martes 28/9/21

Del cuenco divino de Cristo a la copa de doña Urraca

No hace mucho tuve ocasión de ver en televisión un documental titulado Onyx (Ónice-ágata) que hacía alusión a la denominada «copa de doña Urraca», tesoro de carácter religioso conservado en el museo de San Isidoro. Reliquia que ha pasado desapercibida durante siglos, para actualmente determinar que se trata de la copa utilizada por nuestro señor Jesucristo en la última cena. Siguiendo la crónica de Verónica Viñas que apareció en el Diario de León (9/4/14), desde entonces ha transcurrido algún tiempo y en el momento actual el documental Onyx, de enorme éxito, verifica este relato, en el que ha intervenido la historiadora leonesa Margarita Torres.

En esta escenografía maravillosa me viene a la memoria don Antonio Viñago, el sabio abad de San Isidoro, hace ya años, (muchos años 1977), quien al contemplar el Cáliz de ágata de Doña Urraca se preguntaba, medio asombrado: ¿Qué secreto esconden las piezas pétreas de este cáliz?. Y continuaba: ¿Por qué la reina Urraca cuando quiso hacer un espléndido regalo a su iglesia favorita (San Isidoro) utilizó esta copa desconchada con patentes y antiquísimas heridas que mal encubren la vestidura de oro y pedrería medievales?; ¿acaso esa copa, destinada originariamente a libaciones de festines paganos, fue consagrada al culto litúrgico-eucarístico y santificada por labios de algún venerable personaje de la iglesia primitiva y santificada por labios de algún venerable personaje de la Iglesia?; y añadía: ¿hubo caballeros que le rindieron honores como Santo Grial, con el que tiene reconocidas afinidades? Y como no tenía ninguna respuesta confiaba en que el azar o la historia nos desvelaría el «enigma».

Pero creemos que la pregunta real sería: ¿es ésta realmente la copa de la última cena de Jesucristo? Pues bien, la historiadora leonesa Margarita Torres en colaboración con José Miguel Ortega en su libro Los Reyes del Grial sostienen que el denominado cáliz de doña Urraca (hija de Fernando I) es la verdadera copa que utilizó nuestro señor en la última cena y por tanto nos hallaríamos ante el Santo Grial. No obstante, hay que aclarar que la teoría expuesta en dicho libro se basa en unos manuscritos de la universidad egipcia de Al-Azhar, traducidos por Gustavo Turienzo, investigador contratado por el CSIC. En el libro se acredita que el Santo Grial, estuvo en el Santo sepulcro en Jerusalem y viajó durante el S. XI a la península siendo regalado al señor de la Taifa de Denia, Iqbäl al-dawla, como muestra de agradecimiento por la ayuda que éste había prestado a la población egipcia, que padecía en aquel momento una terrible hambruna, al mandarles un barco cargado de alimentos (entre 1054 y 1056) por un poderoso califa del norte de África, el famoso fatimi al-Mustansir. El emir de Denia, una vez en posesión de la reliquia, la habría entregado al rey leonés Fernando I y por eso el cáliz se conserva en León. Desde Denia llegó a la corte de Fernando I, rey de León y hoy está custodiado en San Isidoro, se le ha añadido oro y gemas preciosas. El cáliz fue sometido a la prueba del carbono 14 y demostró ser coetáneo de la época de Jesucristo.

En Revista de Libros el 23 de noviembre de 2015 Alejandro García San Juan presentó un agrio comentario titulado El grial de León entre la historia y la fantasía en el que se acusa a los autores de confundir ficción y conocimiento. En este artículo se cuestiona la traducción de dos documentos árabes, hallados en Egipto, a los que los autores atribuyen un carácter determinante a la hora de establecer la autenticidad del Grial leonés, e incluso su procedencia y veracidad. Señala que esta obra contiene elementos más que suficientes para justificar la afirmación de su notable desconexión respecto a la práctica historiográfica académica, agravado por el hecho de que se trata de investigadores profesionales y especializados Se diría que estamos ante una gran operación editorial, mediática, publicitaria y política que ha constituido un espectacular éxito. La valoración académica de la obra, en cambio, es muy distinta.

Posteriormente el arabista Luis de Molina en Invención de una reliquia en el siglo XXI, el grial de León (12/7/17) , escribe un artículo en el que se opone frontalmente en las Crónicas árabes de Revista de libros, en él señala que los documentos árabes son las pruebas —las únicas pruebas— que tienen los autores para sostener su novedosa teoría, se trata de dos hojas sueltas halladas en la Biblioteca Nacional de Egipto y apunta la necesidad de que un especialista someta a revisión la traducción e interpretación dada en Los Reyes del Grial que se basa en esos testimonios que describe profusamente y culpa al traductor Gustavo Turienzo de los groseros errores que han cometido a la hora de interpretar los textos árabes. Añade que: «son tan estridentes que se me antoja impensable atribuirlos únicamente a la ignorancia o a la despreocupación por la verdad».

Lo único que queda por dilucidar es si esas traducciones tan «alejadas del original» son exactamente las elaboradas por Gustavo Turienzo, algo que él mismo parece negar este extremo, o si Torres y Ortega han intervenido de una u otra forma en el resultado final de la versión en castellano.

Esta es la polémica, una critica excesivamente dura para un trabajo en el que se plasma la ilusión y el leonesismo de los autores a la hora de desvelar este enigma secular que nos tiende una mano a la esperanza. De todos modos es la hora del turismo cultural, y León aspira a ser declarado Patrimonio de la Humanidad.

Del cuenco divino de Cristo a la copa de doña Urraca
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