jueves. 09.02.2023
NADA menos que tres de cada cuatro ciudadanos españoles dicen que están, o bien muy satisfechos con su vida, o bien bastante satisfechos. Además, el cincuenta por ciento de los encuestados, que es feísima palabra, asegura que confía en que este año le irán las cosas aún mejor, pero esos pertenecen al club de los optimistas, o sea de los que no le ven agujeros a los donuts y hacen los crucigramas con tinta china, a sabiendas de que no van a equivocarse. Los principales problemas con el paro y el terrorismo, seguidos de la inseguridad ciudadana y de la dificultad para encontrar vivienda. No se habla en cambio de la clase política que organiza nuestra convivencia. Se conoce que sólo se considera problema a lo que puede tener solución. En vez de rebeldes con causa nos hemos transformado en resignados sin motivo. ¿Cómo es posible que el 74,6 por ciento de los compatriotas estén satisfechos con su vida?. El número de los que Galbraith denomina «instalados» es mucho menor, además, esa instalación se atiene a unos valores, como la garantía de trabajo estable y la soltura económica, sin duda muy influyentes, pero que no garantizan en absoluto la felicidad. ¿Están contentos también los que proclamaron en otra encuesta muy reciente que les costaba un trabajo enorme llegar a fin de mes?. Algo debe fallar, pero como no creo que fallen las preguntas del Centro de Investigaciones Sociológicas, sospecho que lo que fallan son las respuestas. Es presumible que los descontentos no contesten. Cuando reciben un papelito para que lo rellenen se limitan a tirarlo a la basura y cuando son interpelados en la vía pública se limitan a decir, con una cortés sonrisa, eso de «vaya usted a la mierda». No puedo creerme que la satisfacción, por muy bien repartida que esté, abarque a tantos . «Cerca está de grosero el venturoso», dijo Villamediana, que llevó una buena vida hasta que se la arrebataron. A pesar de no creérmelo, me satisface muchísimo que haya tanta gente satisfecha.

Los españoles satisfechos
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