sábado. 04.02.2023
PLlegadas las fiestas de la Navidad, cuando el universo parecería alegrarse con una especial luz por unos momentos, porque hasta los mendigos reciben especial comida, los extraños unos tratos más delicados y las familias intentan reunirse en los extremos más lejanos del globo terráqueo para compartir sus experiencias, dialogar, discutir y reconciliarse, muchos millones de ciudadanos huyen en masa de las grandes capitales donde yacen hacinados, aplastándose unos a otros, pisándose, sufriéndose a menudo los unos a los otros, como si cada unopretendiese ser una cruz para los demás. A esos lugares huyen muchos millones para celebrar en ambientes donde uno conoce a los demás la Navidad, donde no hay masas sino personas a las que uno saluda y reconoce. En estos espacios que durante milenios han sido la raíz de nuestras civilizaciones, de las que se nutrían, muchas veces no se entienden las diatribas de los lejanos políticos que quieren excusar la corrupción. Que el nuevo año sea mejor que el anterior, pese a esas estrellas falsas que en vez de llevarnos al portal de Belén quieren iluminar el palacio de Herodes y sus orgías con brillantes cuberterías.

Estrellas luminosas y estrellas falsas
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