martes. 28.06.2022

Por ser mayor, por pertenecer a la generación de 1940-50, he conocido muchas  generaciones  posteriores a la mía.  He conocido la Generación del Baby Boom, nacidos entre 1950 y 1964, Generación X, nacidos entre 1965 y 1980, Generación Y, nacidos entre 1981 y 1996, Generación Z, nacidos entre 1997 y 2012, Generación Alfa, etc. Esta proliferación de generaciones, cada una con su propia personalidad, me ha llevado a reflexionar sobre mi generación y a rendirle un sencillo homenaje antes de que desaparezca.

La generación de los años 1940-50 ha vivido los cambios socio-culturales más grandes que ha registrado nuestra sociedad en muchos años. Mi generación llegó al mundo en tiempos difíciles. Eran los años de la postguerra. Las familias eran numerosas, tradicionales y religiosas. La familia, la escuela y la calle forjaron nuestra personalidad. El ambiente familiar de tipo patriarcal y acogedor, los años de escuela, donde aprendimos a escribir en la pizarra y en el encerado y adquirimos los primeros conocimientos, y la calle, donde, a través del juego, nos socializamos en la cultura de nuestro espacio y tiempo; estos tres ambientes forjaron nuestro espíritu para enfrentarnos a un futuro incierto y prometedor.

Pero este mundo un tanto idílico para muchos niños de esta generación, principalmente los niños del mundo rural, duró poco tiempo. Después de unos años de escuela, a la edad de 10 u 11 años, fuimos muchos los niños y niñas que ingresamos en colegios religiosos, seminarios y conventos.

Otros aprovecharon más los años de infancia, pero pronto se vieron forzados a emigrar, bien al extranjero bien a las periferias de España, que comenzaba a desarrollarse industrialmente.

En esta generación, muchos conocimos lo que era decir adiós a la familia en septiembre para encerrarte en un convento o en el seminario y no volver a casa hasta junio del año siguiente.

Yo formo parte de la generación que supo jugar al futbol envuelto en una sotana negra y pasear por la carretera de Asturias con bonete y fajín.  Soy de la generación que pasó su infancia y juventud encerrado en un internado la mayor parte del año.

Más tarde, conocí lo que era vivir antes y después del Concilio Vaticano II. Soy parte de la generación que, pasado el Concilio, se quitó las vestimentas clericales para volver a vestir de seglar.  He visto a muchos compañeros decir adiós a la sotana y pasar a formar su propia familia. Soy parte de la generación que se unió a los movimientos de protesta por primera vez en los últimos años de Franco. Formo parte de una generación que vio cómo algunos de sus compañeros fueron a parar a la cárcel de Zamora, cárcel para sacerdotes contestatarios contra el régimen franquista.

Soy de la generación que conoció la diócesis de León cuando esta tenía más de 300 sacerdotes repartidos por la ciudad y cada uno de sus pueblos.  Ahora la situación ha cambiado. El número de sacerdotes se ha reducido a unos 130, aunque mantienen su presencia ministerial en toda la diócesis, pero de forma distinta. Algunos están encargados de 15 y hasta 20 parroquias, aunque con escasa población y muy envejecida.

Pertenezco a una generación que tiene que asistir a más funerales que a bautizos, bodas y ordenaciones sacerdotales. Soy de la generación que está viendo a sus compañeros de 75 y más años  pasar de una actividad casi frenética a los hogares de ancianos;  de los lechos de dolor a los brazos del Padre.  Pertenezco a la generación que se enfrentó a los cambios con el coraje de las convicciones y que hoy debe armarse de ese mismo coraje para enfrentar un presente dominado por la pandemia y las amenazas de guerra, y a un futuro lleno de miedos e incertidumbres.

Soy parte de esta generación que poco a poco se va extinguiendo, que se encuentra en franca retirada. Pero confío en que viene otra generación más reducida, pero igualmente grande, que asumirá el desafío que mi generación deja atrás, con el mismo coraje y pasión que tuvieron los de la generación de los años 1940 y 1950, mi generación.

A la generación de los años 1940-1950, mi generación
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