jueves 26/5/22

La situación de la provincia de León es crítica, y se debe en gran medida a las torpes decisiones que se llevan a cabo en cuanto a políticas territoriales. En La Robla tenemos un claro ejemplo de historia industrial y minera de la Montaña Leonesa que se debería restaurar y preservar, ya que es uno de los últimos símbolos del conjunto productivo del valle del Bernesga.

Ha desaparecido la inmensa mayoría de patrimonio minero, símbolo de los momentos de bonanza leonesa, sin ninguna recompensa ni proyectos alternativos para estas comarcas que favorezcan el desarrollo socioeconómico de las mismas, a pesar de que incluso se ha creado un Instituto para la «Transición Justa» que no ha sido capaz de poner en marcha proyectos eficaces.

La pérdida de la capacidad productiva parece definitiva y nada hacen por evitarlo, pero aun es más grave que se decida desmantelar el patrimonio que se hereda de la misma, evitando así cualquier esperanza de aprovechar los recursos endógenos que tanto defienden estas administraciones y que se quedan una vez más en declaraciones de «buenas intenciones» por falta de compromiso real.

Es necesario apostar por la reutilización de estos recursos patrimoniales e industriales que podrían abrir nuevas vías de desarrollo en el futuro. Las inversiones y esfuerzos que se destinen al desmantelamiento de la Central Térmica de La Robla podrían emplearse en reconvertir estos espacios mediante estrategias que los pongan de nuevo en valor. El patrimonio industrial es un elemento diferencial en las nuevas formas turísticas, sus opciones de aprovechamiento son muy variadas y además permite respetar la identidad histórica de esta comarca.

No están muertos, no han finalizado su vida, se abren nuevas oportunidades como, por ejemplo, la creación de un centro de interpretación de la historia industrial de la comarca, que ha sido durante varias décadas, junto a otras zonas cercanas, el motor energético de este país. Reenfocar la utilidad de esta central térmica podría atraer nuevas actividades económicas como una nueva tipología de turismo, que se asocie con el ya existente centrado en el disfrute de los espacios naturales. O quizás se pudieran crear sinergias entre el Centro Integrado de FP, aprovechando las instalaciones para instaurar nuevos espacios de trabajo e investigación o incluso de coworking y emprendimiento.

Los intereses económicos y energéticos que priman en estos momentos hacen pensar que estas decisiones tienen un tenebroso trasfondo en favor de las energías renovables, que pueden ser muy lucrativas para algunos si se aplica la lógica de que «si se derriba ya no se puede volver a producir» se ajusta perfectamente a esta urgencia por derribar las instalaciones, que si bien no van a recuperar su utilidad original, podrían ser reacondicionadas para que estas infraestructuras sean la base de un futro desarrollo local.

Una vez más asistimos a la incoherencia política de este país, que se impone desde despachos alejados de los territorios que sufren el proceso de despoblación. Muchas de las areas más desfavorecidas son los espacios que han sufrido la desindustrialización, para los que no se han desarrollados estrategias de diversificación económica que tengan en cuenta los recursos endógenos de la misma.

Es cierto que hay ya planes de futuro para este espacio; producción de hidrógeno verde, pero que no parece estar asegurado y que por ahora solo nos dejará sin uno de los iconos de nuestra provincia, que se perderá para siempre sin opciones de reconvertir para la propia central térmica ni de desarrollo para La Robla. Otro duro golpe para León, simbólico, pero fiel reflejo de las políticas que sufre nuestra provincia que se pueden resumir con el significado del desmantelamiento. Es necesaria la implicación de todos los actores sociales para evitar que una vez más el aparato administrativo pase por encima a los leoneses y para que de una vez se tengan en cuenta nuestras necesidades y reivindicaciones.

El patrimonio industrial; excluido de las estrategias de desarrollo local
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