miércoles. 08.02.2023

El medio rural español lleva décadas siendo víctima de la despoblación. A modo de ilustración, un 42% de los municipios están actualmente amenazados por esta tendencia. A pesar del fenómeno de teletrabajar desde el pueblo que la crisis sanitaria ha traído consigo, todavía siguen siendo muchas las razones por las que la gente se traslada a la ciudad. En la mayoría de los casos, la gente partícipe de esta tendencia se ve obligada, en contra de su voluntad, a dejar su pueblo por la falta de oportunidades laborales. De este modo, la magnitud de esta problemática pone en evidencia la necesidad de crear iniciativas para atenuarla.

El ejemplo más representativo del mapa español lo encontramos en Castilla y León. En esta comunidad autónoma, casi nueve de cada diez localidades han perdido gran parte de su población en el transcurso de los últimos 20 años. Si no se ponen en marcha iniciativas para lograr frenar esta tendencia, estas localidades y muchas otras de más comunidades autónomas estarán condenadas a desaparecer. Como consecuencia, la España vaciada se convertirá en una realidad todavía vez más latente de lo que es hoy en día.

En este contexto, cabe destacar que, pese a la revolución de la transformación digital, la cual ha llegado para quedarse en nuestra sociedad, la falta de herramientas en el entorno rural todavía es significativa. Igualmente, podemos hablar de una brecha generacional a la hora de hacer uso de las nuevas tecnologías. La presencia de jóvenes, familiarizados y desenvueltos en el uso de herramientas tecnológicas, es mucho más abundante en las grandes ciudades que en la España vaciada. Para que esta transformación sea factible en los medios rurales, es necesario invertir en digitalizar su tejido empresarial y facilitar el acceso a las tecnologías a los negocios allí instalados. Como consecuencia, los procesos de producción, transformación y comercialización serán más inclusivos y dúctiles. Así, el tejido empresarial rural cobraría peso en el conjunto nacional y lograría atraer y retener talento local, combatiendo la despoblación.

En este tipo de transformación y los procesos que conllevan, aparece la factura electrónica. Esta herramienta dota a los procesos de trazabilidad, transparencia y rapidez y permite que la plantilla realice este tipo de intercambios de documentos electrónicos desde su lugar de trabajo, sea cual sea. Además, la factura electrónica incide en los ahorros medioambientales, de gestión y tiempo, de los que la empresa y sus trabajadores también se benefician directamente.

Desde las instituciones públicas, apuestan fuerte por la transformación digital del tejido empresarial y, más concretamente, de la factura electrónica como elemento dinamizador de la misma. Prueba de ello es la aprobación de la Ley de Creación y Crecimiento de Empresas el pasado mes de septiembre. De acuerdo con esta normativa, la e-factura pasará a ser obligatoria para todas las empresas y autónomos en los próximos 3 años.

No obstante, pese a que la digitalización de las empresas se ha convertido prácticamente en una obligación tras la pandemia de la covid-19, los datos continúan reflejando la brecha digital existente, especialmente significativa entre las ciudades de Castilla y León. A pesar de que en la comunidad autónoma el uso de la factura electrónica ha aumentado, en comparación con otras regiones como son País Vasco o Andalucía, el crecimiento es muy poco significativo.

Tal y como refleja nuestro Estudio Comparativo sobre el Uso de la Factura Electrónica en España, en Castilla y León se emitieron el 1,07% de las facturas electrónicas, y se recibieron el 1,53%. Mientras que Andalucía y País Vasco representaron, respectivamente, el 8,58% y el 4% de las facturas enviadas; y el 8,93% y el 4,39% de las recibidas. La brecha digital es más que patente en Castilla y León y urge tomar medidas cuanto antes.

Para atacar el problema de raíz, es importante invertir en una transformación digital en la que todos tengamos cabida. En Seres somos partícipes de esta transición en la que muchas empresas se han embarcado en los últimos años. Acompañamos a nuestros clientes en su propia transformación digital a través de soluciones que se adaptan a las necesidades de su plantilla y clientes como la firma electrónica (Contralia), el envío y recibo certificado de documentos (Veripost) y el intercambio de documentos con grandes empresas (Edi). Estas soluciones se enmarcan en una sociedad que ya ha emprendido el camino hacia una digitalización sustentada por protocolos de seguridad y fiabilidad.

¿Puede la digitalización salvar a la España vaciada?
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