Diario de León

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Dos acontecimientos con carácter nacional nos dan a conocer que el verano terminó y que el curso comienza de nuevo y las cosas, después del descanso, vuelven a estar en su sitio. Estos acontecimientos son, la reapertura del Congreso y que Raúl del Pozo retoma su columna en la contra de El Mundo . Aprendemos más con el segundo que con el primer acontecimiento. O sea, todo en su sitio aparentemente. Ocurre que, lo que estamos viviendo o padeciendo no significa más que el 0% de lo que realmente está escondido y no sale a la luz. Aún. El personal, el ciudadano está expectante viviendo con ansiedad los malos augurios que los chamanes de pacotilla se encargan de recordarnos un día sí y otro también. No es fácil vivir esta situación pero a todo se hace el hombre... y la mujer. Mucho recordatorio pero poca solución.

Estamos padeciendo una situación que, en sí misma, supone un master de supervivencia. Y, como todo en la vida, las cosas ocurren por algo. La casualidad no existe. Defendían los filósofos antiguos, los clásicos, que casualidad era una palabra inventada por los hombres cuando no se encontraba explicación a algo que solía ser bastante simple. Es un dato. Pero si creemos en esa definición, necesitamos con urgencia conocer el por qué de las cosas. ¿Por qué todo el mundo, salvo el Gobierno que tenemos, ve y entiende con claridad las soluciones posibles a la tormenta que estamos viviendo y no se produce la doma de decisiones para su arreglo?

Tenemos un aguante por parte de la sociedad, nunca antes conocido por estos lares. Pero reitero que las cosas obedecen a un «por qué»?

Leo en la prensa que el Presidente mentiroso va a llevar a cabo una serie de reuniones con su partido y simpatizantes para hablar y congratularse de los logros que su Gobierno tiene en su haber. La noticia se completa confirmando que estas reuniones tendrán lugar en recintos cerrados. ¿Por qué en recintos cerrados, cuando el aire libre nos supone cercanía con la naturaleza y semblantes más relajados? Sencillamente porque existe miedo, pavor a los abucheos. He ahí el por qué.

El personal, el ciudadano está expectante viviendo con ansiedad los malos augurios que los chamanes de pacotilla se encargan de recordarnos un día sí y otro también

De modo que, según las previsiones, este mes de Septiembre, recién nacido, será importante por la cantidad de motivos, desgraciadamente negativos con los que tendremos que lidiar. Después de la avalancha ministerial insultando al líder de la oposición, incluso a nivel personal, vaya usted a saber lo que nos espera de ahora en adelante. Los frutos de aquel «usted es una persona que no es decente» de Sánchez, en la oposición, a Rajoy, en el poder, se están recogiendo ahora. Lo tenemos claro; nos espera mucho y malo. Porque mucho y malo es lo que tenemos en los que nos gobiernan.

El presidente estará preparando las flechas con curare destinadas a que sus ministros, especie de ovejas obedientes al perro pastor, las lancen contra todo aquel que no siga las magníficas ideas, leyes y proyectos que las cabezas pensantes del Gobierno (Sánchez), vayan ofreciendo al ciudadano. Y, mientras tanto, los verdaderos problemas capitales de España, en lista de espera que tal como se presenta el panorama hay que pensar en meses, cuando no en años, de retraso.

Sin embargo, para otras cosas, meten la directa para resolver o intentarlo, a toda pastilla, cuando son temas de su interés, digo de su interés, no del ciudadano. Qué enorme ridículo la visita de el señor Félix Bolaños, Ministro de Presidencia, al Papa Francisco con el único objetivo, según los comunicados, de hablar sobre el destino futuro de los religiosos que ahora moran en el Valle de los caídos. Eso les corre mucha prisa. El precio del gas, de la luz, la sequía, la situación de los agricultores, la guerra y los envíos ridículos de material obsoleto a Ucrania, la inflación, el paro, etc, todo eso, que espere.

Ay, Bolaños, Bolaños, se te ve el plumero te pongas como te pongas. Quítate la máscara y haz las cosas como tú exiges que las haga Feijóo. Ganaríamos todos, pero no lo entenderás nunca. Qué nostalgia cuando creíamos que septiembre era un mes nostálgico que todavía guardaba aromas del amor de verano. Ahora es otra cosa, como puede comprobarse.

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