martes. 07.02.2023
ADEMÁS de irresponsable, cínico. «¿Si no se negocia, cómo lo solucionamos... a tortas? Ese no es el camino», se ha preguntado Ibarretxe. Que no es el camino lo saben muy bien los ciudadanos vascos amenazados por sentirse españoles, y no precisamente con recibir unas bofetadas; lo sabían también los más de mil asesinados por el terrorismo. Qué las discrepancias no se solventan con la violencia es una obviedad, aunque no para todos. En la paz no se puede creer de lunes a miércoles, porque las convicciones pacifistas exigen coherencia y noción de las razones del otro, sentido del límite de los propios deseos. Ibarretxe habla de «tortas», cuando quiere decir tiros y bombas; los eufemismos, ay, rara vez son inocentes. Cómo les tiene que molestar a estos nacionalistas esa conmemoración universal de El Quijote, tan aficionados como son a confundir las islas con continentes. Ante la ofensiva independentista, PSOE y PP están obligados a transmitirnos seguridad. Aquí ya no sirve esa constante teatralización de la discrepancia diaria, casi siempre ficticia o exagerada, pues es imposible disentir en todo, por sistema, desde el gobierno o desde la oposición. No se convierta recibir al lendakari o no en la esencia del problema, ni en debatir o no su plan. Ambos partidos, pese a sus diferencias, no son dos españas, sino una,. Zapatero y Rajoy tienen más virtudes políticas que todo el PNV con sus juglares de la patria chica o grande. Contra el plan Ibarretxe, ni machadas patrioteras, ni claudicaciones: unidad popular y socialista en el rechazo del mismo, que admita matices y grados. Y sin tortas, aunque nadie piensa en darlas, salvo los de siempre.

Sin tortas
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