miércoles. 07.12.2022

En nuestra memoria, en nuestra historia, siempre se han establecido dos mundos, dos caras ante la vida: buenos y malos, ricos y pobres, generosos y avaros, privilegiados y desgraciados… Hay dos frentes comerciales en el presente, como siempre representados por Oriente y Occidente, ahora por China y por EE UU.

Rusia y otros países periféricos tratan de jugar un papel importante en el poder económico, científico y social de nuestra humanidad. ¿Qué papel juega Europa?

La vieja Europa, con los recursos agotados, solamente mantendría su estatus por su historia, su capacidad de reciclarse, de innovar, de aprovechar la tecnología, la cultura, la experiencia, como hacen… ¿Japón o Israel con sus manufacturados? Pero Europa no es una nación, al menos no actúa como tal. Cuando se formó el Mercado Común, tenían la idea de ser autosuficientes, de estar unidos comercial e industrialmente, por si había otra contienda bélica. Luego se amplió su contexto, buscando una teórica igualdad, pero se ve que no prevalece la amistad, sino los intereses. Para tomar decisiones se miran más los beneficios nacionales, llegando tarde a proteger a los ciudadanos, a evitar las catástrofes. O da un paso hacia delante, uniéndose de verdad, o que dé un paso atrás, que cada país trate de solucionar sus problemas a su manera.

Una pandemia mundial, a la que ahora nos enfrentamos, hace evidente la desunión, los privilegios, las dualidades. Y parece que, después de mucho deliberar, se vislumbran medidas económicas, ¡pero con condiciones! Incluso se reconoce el “abandono a ciertos socios”.

Si actuamos como la civilización avanzada que pretendemos, hay que afrontar los problemas con ¡unión! y sentido ¡común! A lo largo de la historia, cada civilización ha defendido sus propios intereses, luchando incluso por la hegemonía totalitaria, de imponer sus criterios. Pero todas esas ideas imperialistas se han venido abajo ¿es Europa una civilización unida? No, puesto que cada país va por libre, tratando de salvar la situación como mejor puede.

¿No queremos una Unión Europea? Pues que sea fiscal, económica, sanitaria, social, científica, monetaria… con normas similares de convivencia, con reparto equitativo de la riqueza y el trabajo, con la solidaridad propia de los pueblos hermanos. Y si no podemos integrarnos, pues tal vez, porque todos los pueblos que conformamos Europa seamos distintos, diversidad inherente a nuestra naturaleza humana, la cual hay que respetar; pues buscar soluciones a la convivencia, buscar un consenso administrativo y legislativo. Claro que es difícil. Ya nuestro Ortega, hace un siglo, que se manifestaba como europeísta, hablaba de cada sociedad, su derecho y de la imposibilidad de una constitución universal. ¡No hablamos de los derechos humanos, que deben ser universales!

El hombre es un ser social, tenemos que vivir en sociedad, si, y regirnos por unas reglas. Pero una sociedad justa y tolerante, donde se te respete, se te comprenda, igualitaria en derechos y obligaciones. No se puede pertenecer a un colectivo donde no te quieren o te desprecian. No podemos sentirnos unos parias. No podemos estar en una Europa a dos velocidades.

Es muy posible que ciertos países por afinidad e idiosincrasia, se puedan unir en grupos similares, con problemas y cualidades comunes que permitan una convivencia mucho mejor.

Lo que ha demostrado esta crisis sanitaria, es que Europa no estaba preparada ante un hecho global para proteger a sus ciudadanos, no tenemos suficientes camas de hospital, mascarillas, respiradores, test de análisis clínicos, medicamentos, logística, etc. No tenemos las condiciones para encontrar rápidamente soluciones, para prevenir estas catástrofes, ni para producir lo necesario en el continente. Y no es porque no tengamos colectivos cualificados, sino porque no se les ha prestado medios, centros de investigación, tecnología punta, condiciones de vida y trabajo adecuadas: en concreto, destinar más recursos a la I+D+i y el bienestar de los ciudadanos. Cada país se ha apropiado de lo que ha podido. Y, además, buscando culpables.

Lo que ha quedado claro es que hay que invertir en ¡prevención!, desde luego que una enfermedad hay que curarla, pero prevenir nos lleva a evitar males mucho mayores. Hay que afirmar el concepto de una sola salud, apoyando a todos los colectivos que intervienen en ello. No podemos menospreciar a nuestros propios profesionales, con unos salarios y condiciones de trabajo mediocres.

Todo nos lleva a una crisis económica, donde no tenemos fábricas de componentes para la industria, todas deslocalizadas en países terceros. Si compramos los alimentos a nuestros propios productores, al precio adecuado, aumentaremos la calidad de vida de nuestra propia sociedad. ¿Cuál era la idea original del Mercado Común?

Tenemos que ser líderes en investigación, tecnología, desarrollo y producción industrial en nuestro territorio, producción agroalimentaria autosuficiente, y no solo pensar en economías financieras, en las ideas del FMI. Europa está formada por personas, no por entes jurídicos que nos maneje.

Terminamos en una crisis social, donde crece el número de ciudadanos que lo pasa mal, que no pueden dar a sus hijos lo mínimo imprescindible, donde quedará por los suelos el bienestar, donde se muestran más las diferencias de los estados ricos y pobres, donde se hace menos evidente la Unión Europea.

¿Unión Europea?
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