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León

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Silla baja José álvarez de paz

La conmemoración de los 25 años de la adhesión de España a la Unión Europea pasó casi inadvertida en parte porque la crisis y sus derivadas acapara la atención de todos y también porque la fe europea ha decaído bastante. Conviene recordar que los niveles de desarrollo y bienestar alcanzados durante este cuarto de siglo tienen mucho que ver con aquel acontecimiento.

Cuando llegamos a Estrasburgo los primeros representantes de España y Portugal, el reto fue la reforma de la PAC y de los Fondos Estructurales. Asunto complicado porque chocaba con los intereses de la poderosa agricultura centroeuropea, las grandes explotaciones destinatarias de la mayoría del presupuesto comunitario con subvenciones a productos excedentarios. Algunos se hicieron ricos construyendo ciudades granero para almacenarlos hasta su fosilización mientras otros carecían de alimentos básicos. La reforma se hizo, los fondos se duplicaron y dos tercios se concentraron en países «del Sur», España, Grecia, Portugal y e Irlanda. Por eso tenemos ahora e nivel de infraestructuras y servicios que tenemos.

La actitud de Alemania fue persistente a favor del Sur, clave de aquel vuelco solidario donde Europa demostró que tenía corazón, pues además de enfocar los recursos hacia la cohesión social y territorial de la Comunidad, destinó los excedentes almacenados a satisfacer necesidades primarias de los más desfavorecidos por todo el mundo. Figura protagonista de aquel cambio de rumbo de una Europa de mercaderes a una Europa de ciudadanos fue el alemán Rudy Arnt, líder de los socialistas europeos en un Parlamento donde hoy la relación de fuerzas es otra y la actitud germana está siendo miserable, primero con Grecia hasta llegar a poner contra las cuerdas a toda la zona euro, luego utilizando los créditos del BCE para que los bancos propios especularan mientras pequeñas y medianas empresas carecen de liquidez, alentando rumores falsos sobre la salud de nuestra economía y finalmente con un plan de ajuste injustificado que retrasará nuestra salida de la crisis.

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La respuesta debe ser ser más Europa, en línea con el informe del grupo de reflexión Proyecto Europa, publicado el mes pasado.