Reportaje | Sara R. Gallardo
Luz de colores con las carrozas
El buen tiempo de la tarde animó a miles de personas a echarse a las calles de Ponferrada para ver un desfile más austero, pero que no defraudó a nadie
Las carrozas se caracterizaron por su colorido y movilidad, ya que este año no estaban iluminadas.
El sol que a última hora de la tarde de ayer asomó en Ponferrada vistió de luz la media docena de carrozas que desfilaron por las calles de la capital berciana en la jornada grande de las fiestas de La Encina. Con la tregua que daba el tiempo, toda la ciudad salió de casa para disfrutar de la música, el confeti y el espectáculo de las carrozas. Este año su número se veía reducido, además de carecer de iluminación, debido al recorte presupuestario del Patronato de Fiestas del Ayuntamiento.
Miles de niños, familias y ciudadanos en general se sorprendieron con los gigantes y cabezudos que encabezaban el desfile y con el resto de la comparsa, que salió a las 19.00 horas de la avenida Portugal, a la altura del auditorio. Una gran serpiente china se deslizaba por las calles asustando con el humo de su nariz y con los petardos que lanzaban sus animadores.
El público esperaba impaciente las carrozas, que llegaban después a un ritmo pausado. Los niños se asomaban para ver llegar a «El sabor de Cuba», la primera carroza, obra de la peña Villanueva, que animó la tarde La Encina con sus ritmos caribeños.
Pero no fue la única. La vuelta al mundo en 80 días, ambientada en la ciudad de Londres, de la peña Lección de Humor, contaba con una reproducción de los guardias reales, del Big Ben y de un típico autobús inglés. También impresionó la carroza de Alicia en el país de las maravillas, de la peña La Corona, con enormes cartas de la baraja y una reproducción de la protagonista del libro de Lewis Carroll.
Tampoco dejó indiferente a nadie la carroza de la reina de las fiestas. Estefanía Araújo iba sentada en un alto trono, mientras que sus damas, Aimara Almeida y Raquel García, derrochaban confeti y serpentinas a los más pequeños, no sin dificultad debido al vaivén de la carroza.
Pero una de las más impresionantes fue «la Concha», de la peña Puente Boeza, que contaba con un mecanismo que ocultaba y descubría al rey Poseidón en una reproducción de gran tamaño y con muchos otros motivos del mundo del mar.
Cientos de personas se arremolinaban en las calles del centro de Ponferrada, en los puntos del recorrido. El desfile continuó por la avenida Valdés, Camino de Santiago y llegaba a la céntrica plaza de Lazúrtegui. Desde allí subía a la parte alta por la avenida de la Puebla, General Vives y pasaba por la glorieta de la Carrasca hasta alcanzar la calle Ancha en dirección al Ayuntamiento, donde la alegría de las carrozas fue desapareciendo con el atardecer.