San Roque camina entre racimos de uva

La ciudad celebró ayer el Voto de Villa, a cuyo fin se repartieron 250 kilos de uvas

La imagen de San Roque a su paso por el Castillo de los Templarios de Ponferrada.

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León

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A golpe de tambor. Así comenzó ayer la procesión del Voto de Villa en Ponferrada. Una tradición que se remonta al año 1577 como una manera de agradecer a San Roque haber librado a la capital berciana del mal de la peste. Así, el santo y su perro parten, cada año, de la iglesia de San Pedro —en pleno centro de la ciudad— y procesionan con sus devotos hasta la Basílica de la Encina. El viaje es de ida y vuelta, pues la imagen retorna a San Pedro para —en cierto modo— inaugurar la vendimia, ya que al finalizar el acto religioso, se reparten 250 kilos de uvas, las primeras de la cosecha. Esto es lo que volvió a suceder ayer.

No falta, anualmente, representación municipal. Ayer no estuvo presente el alcalde, Carlos López Riesco, pero sí varios concejales del equipo de gobierno, encabezados por su portavoz en el Ayuntamiento, Reiner Cortés, que —superados los tiempos de la peste— pidió ayuda a San Roque para «salir lo antes posible de la crisis económica, poder volver a las sendas del crecimiento y recuperar el empleo». Un ruego que se repitió el año pasado, entonces de boca del teniente de alcalde, Juan Elicio Fierro. La edil de Medio Ambiente, Teresa García Magaz; el concejal de Hacienda, Neftalí Fernández, y los responsables de las carteras de Acción Social y Medio Rural, Luis Antonio Moreno y Julio Martínez Potes, respectivamente, completaron la plana política que asistió a la procesión.

Así, entre lo festivo y la solemnidad vivió Ponferrada su Voto de Villa a San Roque, a donde los feligreses acuden por mera devoción, también tradición.

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