La iglesia de Campo resurge de las cenizas
La parroquia inaugura un templo renovado . con las manos y el trabajo de los vecinos.
Desde el coro, la iglesia de Campo vuelve a lucir tan bonita como siempre.
Cual Ave Fénix, la iglesia parroquial de Campo ha resurgido de sus cenizas. Tras más de dos años en la sombra —a consecuencia del incendio que en diciembre del 2009 destrozó el interior— el templo ha recuperado la luz y ayer abrió de nuevo su pórtico a los feligreses para oficiar la primera eucaristía desde el fatídico desastre. La nave central rebosaba de caras sonrientes y miradas de satisfacción. Las mismas manos que durante meses trabajaron con ahínco para limpiar y acondicionar la que también es su casa —para eso la han pagado— permanecían ayer en silencio, quietas, reposadas sobre el regazo de quienes han hecho posible el milagro.
120.000 euros han sido necesarios para devolver a esta iglesia medieval del siglo XVII su porte. Salvo 30.000 euros aportados por la Junta de Castilla y León, la Diputación y el Obispado, todo ha sido puesto, céntimo a céntimo, por vecinos que ayer volvieron a dejar caer sus monedas sobre el cepillo, con un sonido estridente, casi tan notable como el canto ceremonioso del párroco, Alfonso Linares. Un sonido que, a buen recaudo, volverá a escucharse cada domingo, porque todavía quedan cosas que hacer. El sagrario y una parte del tejado no han sido arreglados, pero todo llegará.
«Estamos muy orgullosos de todos los vecinos y de la gente que ha colaborado. Es verdad que todavía no se ha terminado, aún queda dinero que poner, pero lo pagaremos, aunque no tengamos la ayuda de ninguna administración», garantizó el que fue ayer padrino de la ceremonia de reapertura, Isaac Giráldez, uno de tantos vecinos que ha dedicado los últimos meses a limpiar, recoger y hacer de los restos que dejó el fuego una iglesia nueva.
Todo esto ha ocurrido a tan sólo cinco días de San Blas, su patrón. Y ese día, el viernes, hasta el obispo de la Diócesis de Astorga, Camilo Lorenzo, comprobará lo bien que han quedado ventanas, paredes, suelo, bancos, tejado y, por supuesto, los retablos e imágenes. Lo único que no se ha salvado es un Niño Jesús demasiado consumido por las llamas que, no obstante, se guardará, en señal de recuerdo. «Lo que hemos vivido supera todo sueño. La calidad de la gente, como lo han ido preparando, ha sido impresionante», quiso destacar Linares.