Noche de pánico en Narayola

Medio millar de personas participaron en la recreación de una masacre de miedo.

Una de las asistentes grita ante la aparición de una vecina masacrada en Narayola.

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m. j. alonso | ponferrada
Ponferrada

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Con una historia imaginaria ambientada en los siglos XII y XIII, donde caballeros templarios y monjes del monasterio de Carracedo se confabularon para exprimir y aniquilar a los vecinos de Narayola (Camponaraya), la Asociación Cultural Millares consiguió reunir ayer en la localidad a cerca de medio millar de personas ávidas por pasar miedo y disfrutar de una auténtica noche de terror alejada, eso sí, de los convencionalismos del halloween americano. Todo estaba medido al milímetro y el éxito de la recreación fue rotundo, tanto que la organización repetirá experiencia el próximo 31 de noviembre.

Los callejones de uno de los barrios de Narayola se convirtieron en el escenario improvisado de una masacre sin precedentes. Monjes malignos, vecinos desmembrados, muertos vivientes o sombríos templarios tomaron los callejos que van a dar a la antigua capilla de San Blas, donde se construyó el escenario más aterrador. Simplemente con poner un pie en el interior de este sacro recinto, donde un caballero templario imponía su presencia ante el cierre inminente de la puerta de entrada, erizaba el vello de los asistentes, que divididos en grupos de hasta diez personas recorrieron a la luz de una simple antorcha, el trayecto del terror ambientado por 25 actores amateurs, todos vecinos de Narayola.

Un cementerio, un velatorio medieval y personajes que salían de la nada más oscura para asustar al público más osado constituyeron los grandes atractivos de un espectáculo de pánico que la organización tardó dos meses en preparar y que guardó un realismo pasmante. Gustó tanto que no fueron pocas las personas que una vez ya habían vivido la experiencia compraron una segunda entrada para repetirla. «Nos desbordó, salió mucho mejor de lo que esperábamos. De hecho tuvimos que ampliar los grupos de personas ante el volumen de gente», explicó el portavoz de la asociación Millares-Narayola, Miguel Ángel Fernández.

Durante cuatro horas, las mismas que se cuentan entre las 21.00 y la 1.00 horas de la madrugada, los gritos —y fueron muchos— conformaron la banda sonora de un pueblo muy vivo que durante una noche recibió a muchos muertos.

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