Encadenada para pedir protección
Una madre se ata en el juzgado para evitar que la multen por impedir a su ex pareja que visite a su hijo mientras resuelven su denuncia por supuestos malos tratos al niño.
Sheila Antúnez, encadenada a una farola a las puertas de los juzgados, con familiares y amigos.
Sheila Antúnez, vecina de Ponferrrada y madre de un niño autista de seis años de edad, estaba ayer tan desesperada como para encadenarse a una farola a las puertas de los juzgados y permanecer allí desde las once de la mañana hasta que se hizo de noche reclamando protección para su hijo.
Sobre Sheila pesa la amenaza de un arresto domicilario —hasta 22 días sin poder salir de su casa— si mantiene su decisión de no pagar las multas que el juzgado le está imponiendo por incumplir el régimen de visitas de su ex pareja al hijo que tuvieron en común, mientras no se resuelva el proceso por supuestos malos tratos al pequeño que hace año y medio entabló contra el padre del niño. La primera batalla la perdió. Un juzgado de primera instancia archivó su denuncia porque no encontró motivos para condenar al denunciado. Pero Sheila ha recurrido a la Audiencia Provincial y tiene claro que no va a dejar al niño con su padre con una acusación tan grave de por medio. Y menos, insiste, cuando el niño tiene miedo.
«Voy a estar aquí el tiempo que sea necesario hasta que alguien me escuche porque ya no puedo más», decía a media mañana, rodeada de familiares y amigos y con la cadena y el candado que le ataba a la farola rodeándole la cintura. Sentada en una silla prestada por un funcionario de los juzgados, Sheila se protegió de la lluvia con un paraguas, comió una hamburguesa y se mentalizó de que la Policía podía aparecer en cualquier momento para desencadenarla. No ocurrió y al cierre de esta edición, la convencían para que durmiera en su casa y regresara a primera hora de la mañana para encadenarse de nuevo a la misma farola.
Sheila, que ha prometido difundir informes psicológicos y de un perito judicial sobre el estado de su hijo, trabaja en una empresa del polígono industrial de Bembibre, donde han entendido su situación y de momento le han dado un permiso excepcional. Pero teme perder su trabajo. Ya ha pagado una primera multa de 180 euros, pero no hará lo mismo con la segunda, de 270, y con las que puedan llegar por el incumplimiento del régimen de visitas desde enero del 2012, momento en que denunció los supuestos malos tratos.
Sheila ya vio como los juzgados también absolvían a su ex pareja de una primera denuncia por malos tratos que asegura haber sufrido ella misma durante la relación. Ahora puede perder la libertad y el trabajo, pero no está dispuesta a separarse ni un segundo de su hijo.