La DO condenada a indemnizar con 87.757 euros a dos viticultores

Le resarcirá por plantar las ‘experimentales’ merlot y tempranillo.

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Juan C. Franco | Ponferrada
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Los experimentos pueden salir caros. Y sino que se lo digan al Consejo Regulador de la Denominación de Origen Bierzo a quien el Juzgado Contencioso Administrativo número dos de León ha condenado a indemnizar a un viticultor de Camponaraya por los perjuicios causados «por el no reconocimiento de las variedades merlot y tempranillo que en su momento sí fueron reconocidas».

En el fallo del juzgado, contra el que cabe recurso, se condena al órgano rector de los vinos del Bierzo a resarcir a este viticultor con la cantidad de 87.757. De esta cantidad, 51.999 euros corresponderían a la indemnización para hacer frente a los gastos que le ocasionó tener que cambiar las variedades tempranillo y merlot —ya fuera de la DO— por la sí reconocida godello, mientras que el resto sería para compensar al agricultor por la perdida de producción de esta viña durante el año y medio en el que no alcanzó el volumen máximo de producción tras el injerto al que fue sometida para cambiar de variedad.

Los hechos juzgados y sentenciados por la sala número dos del Contencioso Administrativo de León tienen su origen en la variación de la política de variedades que se produjo en el año 2007 en la DO Bierzo. Hasta entonces, el Consejo reconocía como variedades experimentales, «figurando éstas en las cartillas de viticultores de la DO para su venta como tal», según alegó el abogado del viticultor, Miguel Ángel Orallo, el cabernet, el chardonnay, la variedad gewurztraminer, así como el merlot y tempranillo.

Con este escenario, el demandante decidió solicitar una reconversión de la plantación en una finca de tres hectáreas denominada «El Rosal», situada en el polígono 19 de Camponaraya, donde optó por plantar, entre los años 201 y 2003 las variedades merlot y tempranillo.

Desde su entrada en producción vendió la producción como variedades experimentales reconocidas por la DO y por lo tanto los vinos elaborados con las mismas —combinado con una parte mayoritaria de la variedad mencía— podían etiquetarse con el sello de calidad del Consejo.

Sin embargo, el escenario mutó en 2007 con «el cambio de la cartilla del viticultor donde dejaban de estar amparadas las cinco variedades experimentales». Esta decisión lesionó los intereses de este viticultor, que comprobó que «la entidad mercantil a la que le vendía la producción cumplía el contrato para esa campaña pagando el precio marcado de 70 céntimos más IVA, pero procedía a resolver el mismo en tanto en cuanto las uvas ya no tenían la calificación de DO Bierzo».

Ante esta situación el demandante optó por injertar la viña de godello y solicitar una indemnización por los perjuicios causados.

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Por su parte el Consejo Regulador alegó ser un mero intermediario en la tramitación de ayudas a la reestructuración de viñedos, así como que las cartillas de vendimia no implican el reconocimiento de variedades.