Javier Sierra: «Los templarios estuvieron en América antes que Cristóbal Colón»

El escritor elogia en Ponferrada la vinculación de la ciudad con sus raíces templarias.

Javier Sierra (derecha) ofreció una charla, invitado por los Amigos de la Noche Templaria.

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CARLOS FIDALGO | PONFERRADA
Ponferrada

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«¿Estuvieron los templarios en América?» era el título de la conferencia que el escritor y periodista Javier Sierra ofrecía anoche en la Casa de la Cultura de Ponferrada. «La respuesta es sí», adelantó el autor dos horas antes de la charla, durante su primer contacto con sus lectores en la librería de la Casa del Libro del centro comercial el Rosal, donde aprovechó para presentar su última obra, una mezcla de ensayo y de novela donde se adentra en los misterios de las pinturas proféticas del Museo del Prado.

Sierra, autor de novelas que se han convertido en éxito de ventas a los dos lados del Atlántico como La cena secreta o El ángel perdido y colaborador de los espacios de radio y televisión Milenio 3 y Milenio 4 , reveló al público de Ponferrada la existencia de figuras que se asemejan a caballeros medievales en losas de Massachusetts anteriores a la colonización anglosajona o de caballeros con cruces en el pecho en Bolivia del periodo precolombino que demostrarían que en sus últimos años, los templarios pudieron haber desembarcado en América sin ser conscientes de que se trataba de un nuevo continente. «Eran la única Orden que tenía permiso para navegar en el Atlántico, para ir a Inglaterra y Escocia, pero igual iban un poco más lejos», explicó a la prensa.

Invitado por la Asociación de Amigos de la Noche Templaria, Sierra (Teruel, 1971) elogió la apuesta de Ponferrada por vincular su imagen con la de la Orden de caballeros-monjes. «Cada pueblo debe buscar en sus raíces la identidad sobre la que construir su futuro», afirmó. Y añadió que «en Ponferrada lo han entendido así, incluso los políticos, lo que es más difícil». El escritor recordó que ha hablado del castillo de los Templarios de la ciudad en más de una ocasión y que la fortaleza acabó siendo una suerte de «cajero automático del Camino de Santiago» donde los peregrinos, que no llevaban dinero encima para evitar los robos, se detenían a hacer sus transacciones.

Pinturas proféticas

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Antes de la charla en la Casa de la Cultura, Sierra presentó El maestro del Prado en la Casa del Libro. El escritor compartió su fascinación por obras de la pinacoteca como el tríptico de El Jardín de las Delicias , de El Bosco, que no dejaba de ser «una puerta» que sirvió de guía espiritual a Felipe II. El autor recordó que todavía en el Renacimiento, algunos pinturas entendían «el arte como una forma de religión» y una ventana «donde asomarse a mundos invisibles», tal y como se concebían las primeras pinturas rupestres. «El arte fue concebido inicialmente como una herramienta trascendente, no con un propósito decorativo», aseguró.