El reloj del Bierzo da las horas en Toral

Durante décadas la sirena de Cosmos ha marcado los tiempos de las ‘labores’ en la comarca. Su historia la vincula a dos contiendas bélicas. Su presente, al cariño de las gentes que ven en ella ese vínculo con sus ‘años mozos’ en los que el tiempo no estaba cronometrado por ingenios con nombre nipón. Por eso, en más de una ocasión han pedido, y le han concedido, su indulto.

La sirena instalada en Cosmos lleva décadas dando las horas a la comarca del Bierzo.

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j. c. f. | ponferrada
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Por sí misma constituye una pieza de museo. Sin embargo, su verdadero valor no reside tanto en lo que es, sino en lo que significa para las gentes del Bierzo, fundamentalmente de la zona central y más agrícola de la comarca, al marcar, durante años —década tras década— el ritmo de vida de esas gentes.

No es de extrañar que, por los servicios prestados durante tanto tiempo, la sirena de Cosmos haya recibido de la población berciana el galardón de ‘El Reloj del Bierzo’. Su importancia no es fácil de entender en la sociedad actual, en la que los tiempos están milimétricamente planificados, pero la perspectiva cambia si se realiza un viaje en el tiempo a nuestra historia más reciente, en la que los ‘casios’ no formaban parte de la vida de las gentes. Tiempos en los que el sol, el estómago o la conclusión de las tareas asignadas marcaban los ritmos. Un tiempo en el que se coló la sirena de la cementera y que la población berciana llegó a asumir como reloj propio.

El paso de los años ha contribuido a borrar el ADN, que de forma irrefutable, nos determinaría su origen. En su lugar han surgido las leyendas de su procedencia y los servicios prestados antes de instalarse en la cementera de Toral de los Vados. En todos los casos, los narradores coinciden en su participación en una contienda bélica.

Los primeros apuntan a que se habría instalado en el Bierzo tras viajar desde la localidad alemana de Baden-Baden, en las laderas de la Selva Negra, donde habría funcionado durante la Segunda Guerra Mundial como aviso a la población de inminentes ataques aéreos por parte de la aviación franco-británica.

La segunda versión sobre los ‘primeros pasos’ de la sirena de Cementos Cosmos también la vincula a otra contienda bélica. En este caso, se apunta a que, si bien la sirena ya estaría instalada en Toral, con motivo de la Guerra Civil, se decidió su traslado a la capital de la provincia, donde habría prestado también servicios de alerta de incursiones aéreas durante la contienda fratricida española.

«As dúas en Toural»

Fuera cual fuera su origen, lo cierto es que rápidamente se convirtió en algo más que la señal para el cambio de turno en la cementera. Sin llegar a los extremos retratados por el pintor francés Millet en los que los campesinos paraban las labores agrícolas para rezar ‘El Ángelus’ llegadas las doce del mediodía, lo cierto es que a toque de sirena de Cosmos, nuestros agricultores se organizaron para ‘tomar las doce’ a mitad de faena o a dar por concluida ésta al saber que ‘ ya son a dúas en Toural ’.

La sincronización de personas y bestias fue tal que dio origen a más de una situación singular. «La anécdota más curiosa que me han contado es la de un agricultor de Toral que estaba arando con su buey, y que cuando el animal oía la sirena de las doce, no había forma de que continuara trabajando. Daba igual lo que intentara el dueño, el animal arrancaba para casa y hasta que estaba en la cuadra no se detenía», recuerda el ex director de Cementos Cosmos, Luis Arroyo.

Perfectamente audible en la zona central de la comarca, las condiciones atmosféricas o las barreras naturales, en forma de vegetación u orografía, marcaron, y siguen marcando, la distancia a alcanzar por el sonido de la sirena en cada uno de los siete toques programados para cada jornada.

Los cambios de turno, fijados para las 6.00, 14.00 y 22.00 horas, así como los turnos continuos de las 8.00, 12.00, 13.00 y 17.00 horas, estaban marcados para que la sirena entrase en funcionamiento. «Ahora el de las seis ya dejó de funcionar, y además se ha automatizado el dispositivo de arranque, pues antes era un operario de la central el que tenía que pulsar el botón que estaba en la sala de control», apunta Arroyo.

Sin embargo, hubo un tiempo en el que no sólo el aviso del primer turno enmudeció. En los años noventa, con la entrada en vigor de nueva normativa en materia medioambiental, por aquello de la contaminación acústica, se prohibió su funcionamiento. Sin embargo, la población pidió su indulto al considerar que formaba parte de su vida diaria. «Al ser una sirena con una decena de trompetas que emiten el sonido en todas las direcciones, se han anulado las que apuntaban a algún punto donde alguien ha dicho que le molestaba», aclara el ex director de Cosmos.

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Con un mecanismo sencillo —un ventilador que insufla aire a las trompetas— en un cuerpo de importantes dimensiones —solo cada trompeta alcanza los tres metros de longitud—, desde su atalaya de 45 metros de altura, parece tener cuerda para rato. Lástima que los que vivieron su importancia en primera persona se vean vencidos por el paso de los años. Y con ellos sus recuerdos...