Pilar Blanco abre las Fiestas del Cristo con un pregón lleno de imágenes p oéticas

Evoca el Bembibre de su infancia y anima al público a hurgar en sus propios recuerdos.

Pilar Blanco, en su intervención desde el balcón del Ayuntamiento de Bembibre.

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C. F. C. / m. á. C. | bembibre
León

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«Todo pasa, todo cambia, y al final lo que queda son las revoluciones íntimas», decía ayer la poeta bembibrense Pilar Blanco para pregonar las Fiestas del Cristo. Desde el balcón del Ayuntamiento y con «visión panorámica, frente a los brazos del Cristo de la iglesia que solían acoger un nido de cigüeñas, Blanco realizó un recorrido nostálgico por el Bembibre que fue y el que es, convencida de que «el tiempo pone a cada uno en su sitio, al vivo en sus garbanzos, al muerto en su lápida o su olvido. Al soñador en su nube. Al materialista en su muro y su moneda».

Pilar, que por algo es poeta, ofreció a los bembibrenses una serie de instantáneas con sus palabras, ensartando sus recuerdos con los del público: «El olor de las jaras y el tomillo camino de la Virgen de la Peña en aquella excursión del colegio. El del café de Mero, isla subterránea de todos los corazones azucarados. El sabor de los ciruelos del cuartel, de las manzanas verdes, de las castañas tiernas arrancadas a pedradas de su funda espinosa. De las uvas robadas en la carretera de Viñales. De las sardinas en el jardín de Paco Frades con los teatreros de Tebaida. Del membrillo y las brevas de tía Edisa y tío Mauro de Albares. El olor de los pimientos asados que impregnaba todo el pueblo entre septiembre y octubre, con su pata quebrada de fogones y tarros para las mujeres y jovencitas. El chispazo ácido de las bolsas de refresco a un peseta en las carameleras de la plaza...». Y así hasta componer un mosaico del Bembibre de su infancia.

A punto de cumplirse el bicentenario de Gil y Carrasco, no le faltó a Blanco una referencia a la novela El Señor de Bembibre , leída por el rey de Prusia, que ya conocía el nombre de la villa por los libros de viajes de George Borrow.

Y animó la pregonera a que los presentes hurgaran en su interior para hacer su propia lista de instantáneas. «Bembibre no es un nombre, sino muchos. No es un tiempo sino todos los tiempos. Carece de sesgo ideológico, no es una inclinación irracional. Es, para cada uno de vosotros todo lo que os evoca; personas, acontecimientos, afectos, paisajes vuestros y sólo vuestros».

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