Un retablo al estilo Ecce Homo

La restauración del altar mayor de Quintana revela la joya oculta por purpurina.

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MARÍA ALIJA | PONFERRADA
Ponferrada

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Quintana de Fuseros escondía detrás del altar un obra de inestimable valor, que nadie había visto realmente desde hace más de 70 años. Estuvo a la vista de los feligreses todos estos años, pero oculto bajo un manto ennegrecido de capas y capas de purpurina oxidada que nada hacía sospechar que lo que se verdaderamente se hallaba debajo de aquella podredumbre era nada más y nada menos el material más noble para el hombre. El oro fino de alta calidad que utilizó el artista hace más de 300 años para embellecer el retablo mayor es lo que ha quedado ahora al desubierto tras la reciente restauración.

El conjunto de madera está formado por dos cuerpos de sotabanco y tres calles que miden aproximadamente dos por tres metros. Su creación se remonta a principios del siglo XVIII en el Barroco Pleno. Tanto la fecha exacta como su autoría son todavía un misterio. Los archivos que acompañan a las obras no resistieron el avance de las tropas francesas durante las Guerras Napoleónicas, que en muchos casos quemaban el material bibliográfico de las iglesias para proporcionarse calor.

El grupo de restauradores dirigidos por Jose Luis Casanova lleva trabajando los últimos cuatro meses en la obra para devolverle su viejo esplendor. La tesis que sostienen estos expertos es que la obra no pudo estar concebida Quintana de Fuseros ya que antiguamente el edificio eclesiástico no era más que un ermita. Con el aumento de feligreses esta se amplió hasta llegar a parroquia con lo que se le dotaría del ornamento necesario como el retablo.

A principios del siglo pasado, el deslustre del retablo motivó una restauración a la vieja usanza. Algo así, como la señora Giménez con su Ecce Homo . ‘Zurzir y remendar, y mejores tiempos esperar’ diría el refrán. Al oro oscurecido por el paso de los años, «el pintor de turno llegaba y le daba una mano —o las que hiciesen falta— de purpurina, aceite de linaja e incluso titanlux», explicó uno de los restauradores de esta obra, José Luis Casanova. En aquella época, la restauración no se entendía como ahora, como total respeto a la obra original, se hacían remiendos para mejorar el deslucimiento ocasionado por los años

En este caso, el conjunto en madera decorado de forma casi íntegra con pan de oro, fue cubierto con purpurina y repintes verdes de forma que a simple vista Casanova aseguró que era imposible saber que era oro lo que bañaba la madera. Los análisis que lo averiguarían se produjeron a instancias del sacerdote de la parroquia, sumido en una restauración de toda la iglesia, decidió valorar si había que cambiarlo o en caso de que su valor fuese alto, enmendarlo.

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Una joya barroca ha sido rescatada para descorrer el oscuro velo que lleva escondiendo su resplandoroso dorado la friolera de 70 años a los ojos del pueblo. Los trabajos han sido financiados gracias al Obispado de Astorga, al Instituto Leones de Cultura, y sobretodo, al pueblo.