CULTURA
Dragones en la savia del vino
El Museo del Bierzo alumbra una oración profana macerada a base de vino y tierra de Las Médulas. El artista Adolfo Alonso Ares rinde tributo artístico a Carracedo, el nuevo caldo de la Bodega del Abad, con una serie de cincuenta obras de su particular Bestiario. La muestra sintetiza el crisol cultural de cientos de años, herencia de la huella humana sobre una tierra fermentada con el ‘humus’ de civilizaciones que cambiaron para siempre el perfil del Bierzo.
El artista Adolfo Alonso Ares en su estudio
Durante siglos, los monjes fueron los alquimistas de una piedra filosofal que ha generado algunas de las más brillantes creaciones culturales de la civilización. El fruto de su tiempo incontable, de la oración y de su trabajo transformaron para siempre el perfil del Bierzo. Esta ‘injerencia’ prodigiosa hizo manar un oro púrpura que cambió el futuro de la comarca. Ahora, el Museo del Bierzo vuelve a atesorar la savia de un tiempo recobrado y lo hace de la mano de una colaboración que, en principio podría parecer extraña. El nuevo vino de la bodega del Abad, Carracedo, y el artista Adolfo Alonso Ares han unido voluntades para dar a luz una exposición inédita para un caldo único, de gran carácter y estructura, cuyo paso por barrica le ha concedido un estado de madurez que logra afinar sus aromas y sabor, otorgándole una armonía y elegancia que lo definen como vino de autor. El calor estival y la ausencia de lluvias durante los meses de agosto y septiembre hicieron que esta añada se constituyera como una de las mejores del Bierzo. No podía ser de otra manera. Y es que la Bodega del Abad une el conocimiento de los antecesores a las nuevas tecnologías, para producir vinos de la más alta calidad.
Para concelebrarlo, Adolfo Alonso Ares recupera su fauna mítica en una serie con la que rinde tributo no sólo al caldo, sino a toda la liturgia que lo precede, a los hombres y mujeres que moldearon la tierra para transformar sus surcos hasta humanizarlos. Destaca el artista que Carracedo es un vino denso, tanto que cada pincelada que da con él imprime un carácter especial a los cuadros. «Los minerales del vino imprimen toques diferentes y este aporta fuerza. Tiene un color que aporta rojos diferentes porque la tierra del Bierzo es de ese color y la pátina de este en particular recrea todo el universo berciano: Bergidum, la romanización, las laderas, la lluvia...» Una unión reveladora, que es consciente de la importancia que el vino ha tenido a lo largo de la historia para modelar no sólo el carácter de un pueblo sino el devenir de la cultura occidenta.
Pero ¿cual es el argumentacio de la exposición? «Hago gallos porque creo que representan el amanecer del hombre, porque conllevan una simbología que tiene mucho que ver con el amanecer del mundo. Su canto es el que nos despierta del letargo, es un canto de esperanza y de sosiego», explica Adolfo Alonso Ares, que destaca que su Bestiario se compone de veinte gallos, diez dragones y veinte ‘manchas’ abstractas, veinte universos llenos de vida simbólica que reflejan, por lo tanto, el trazo más humano de la muestra.
El artista ha ‘manchado’ los lienzos con el vino de Carracedo y con la tierra dorada de Las Médulas. Sangre y tierra, el filtro para crear vida. Dragones. Los dragones, trasunto de aquellos frailes. «Los canecillos del Bierzo son dragones», sostiene el poeta. Vigías de un tiempo en el que la mitología todavía sostenía el espíritu del hombre. Los monjes lo sabían bien. Sabían que tenían que representar lo que otros imaginaban y yo he querido rendirles tributo de esta manera». El creador añade que estos seres mitológicos recrean también la imaginación. «No sólo la mía. Añaden todo aquello que hemos vivido y todo lo que los demás nos han influido».
En tercer lugar, Adolfo Alonso Ares ha recreado sus propios mundos, que él explica como la abstracción de la tierra, de la huella del hombre en el mundo . «La naturaleza artificial existe porque la inventó el hombre. El color de las viñas, del otoño, la uva, los colores del Bierzo... todo es en la medida en que lo es a través del hombre». A la medida del hombre, que lleva al sabio hacia Dios...