La falta de dinero para reparar una furgoneta complica el reparto de comida
El Banco de Alimentos necesita 2.000 euros para recuperar el vehículo averiado.
Libros y material didáctico se venden desde ayer en la EOI a favor del Banco de Alimentos.
Los almacenes llenos de comida después del éxito de la última ‘Operación Kilo’. Y más problemas que nunca para repartirla.
Es la paradoja que sufre estos días el Banco de Alimentos del Sil, que ha visto como la avería de una de las tres furgonetas con las que cuenta —una Opel Combo con la que realizan la mayor parte del reparto debido a su menor capacidad de carga— les ha complicado la logística. Con un fallo en el motor y en los inyectores, el vehículo, de siete años de antigüedad y más de doscientos cincuenta mil kilómetros realizados se encuentra ahora mismo en un taller, con la asociación incapaz de pagar los dos mil euros que costaría repararla.
«Es un vehículo que usamos muchísimo y lo notamos durante la reciente campaña en los supermercados, porque se nos formó un tapó y tuvimos que recurrir al vehículo de una voluntaria», explicaba ayer la abogada Ana Garnelo, una de las responsables de la organización no gubernamental en Ponferrada.
Y es que la última operación masiva de recogida de alimentos fue todo un éxito para el Banco de Alimentos del Sil, que superó los 58.500 kilos de comida recogida. A la hora de repartirlos, sin embargo, la asociación está haciendo malabares porque no dispone de los dos mil euros para pagar la reparación, que casi cuesta tanto como comprar una furgoneta de segunda mano.
El Banco de Alimentos del Sil cuenta con otras dos furgonetas de mayor capacidad. En la actualidad, ayuda a unas siete mil personas que reciben paquetes básicos de comida desde Laciana a Valdeorras.
El Banco de Alimentos recibe a lo largo del año algunas ayudas económicas, como la subvención del Ayuntamiento, pero resultan insuficientes para pagar la factura de la reparación, reconoció Garnelo.
La asociación con sede en Ponferrada cuenta con el trabajo habitual de diez voluntarios que se encargan de clasificar y repartir los alimentos.