San Antón volvió a rifar sus patas

Toral de Merayo reedita su particular celebración de San Antonio Abad organizando una subasta de productos de matanza donados por sus vecinos.

Imagen de la subasta celebrada ayer en Toral de Merayo.

Publicado por
m. macías | toral de merayo
León

Creado:

Actualizado:

No es la sala Christie’s pero tampoco tiene aspiraciones de serlo. Por la plaza de la iglesia de El Salvador de Toral de Merayo nunca desfilarán cuadros de Van Gogh, sin embargo las subastas que allí se vienen celebrando desde hace décadas consiguen concitar la expectación y los piques entre pujadores al más puro estilo de la sala londinense.

Ayer, día marcado en el calendario de los vecinos de esta pedanía ponferradina para la celebración de San Antonio Abad volvió a reeditarse una tradición centenaria: la subasta de las patas de San Antón. Una jornada, por encima de todo, de confraternización de todos los vecinos. Un día de fiesta, sin serlo, en el que además de la habitual bendición de mascotas y animales domésticos al uso en otros pueblos y la misa cantada por el coro de Toral de Merayo, los lugareños celebraron su subasta anual de productos de matanza.

«Al principio, hace ya muchos años, la gente donaba las patas de los cerdos, para que el Santo protegiese de enfermedades a los cerdos que se criasen y con ellas se organizaba una subasta. Ahora la gente dona todo tipo de productos de la matanza», asegura el pedáneo de Toral de Merayo, Camilo Merayo. De hecho, el cajón de productos de matanza de este año incluía un botillo, chorizo, oreja, lacón, morro y la tradicional protagonista de la fiesta, la pata del gorrino. Productos todos ellos donados para la ocasión por los vecinos que todavía mantienen la tradición de la matanza doméstica.

Sin alcanzar las cifras que se registran en otros puntos con subastas de productos gastronómicos —en la celebrada este año en la comarca asturiana de Narcea, con el ‘Campanu’ de protagonista, se alcanzó la cifra de 5.500 euros—, lo cierto es que el pique entre pujadores generalmente hace que el lote se adjudique a un precio superior al de su valor en el mercado.

En esta ocasión, Verónica ofreció 80 euros por hacerse con un lote de productos, que por lo general suele tener siempre el mismo fin: «su degustación por una pandilla de amigos en una jornada gastronómica», apunta el pedáneo.

Cargando contenidos...

El dinero recaudado tiene como destinatario la parroquia.