CONDECORADO POR LOS REYES

El berciano que auxilió a los pilotos del Airbus: «Sólo hice lo que hago todos los días de bombero pero vestido de ciclista»

Gabino Álvarez, entre los cinco premiados con la Orden del Mérito Civil por auxiliar a las víctimas del avión que se estrelló en Sevilla

Gabino Álvarez saludado por Felipe VI y la Reina Letizia, ayer en el Palacio Real

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CARLOS FIDALGO | PONFERRADA
Ponferrada

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Gabino Álvarez, berciano de Pardamaza aficando en Sevilla, hijo de un minero que picó carbón en la cuenca del Bierzo Alto y que murió de silicósis, antiguo alumno del instituto El Señor de Bembibre, donde reconoce que no fue un buen estudiante, y bombero con veinte años de experiencia en la capital andaluza, donde se casó y tiene tres hijas, disfrutaba del día libre en bicicleta el pasado 9 de mayo cuando, en lo alto de una loma, escuchó «un ruido mecánico seguido de una explosión muy fuerte y las voces angustiadas de unos agricultores».

Gabino no llegó a verlo, pero un modelo de Airbus A400M que la compañía Airbus Military ensambla en su planta de Sevilla acababa de desplomarse con dos tripulantes, tres ingenieros y un mecánico a bordo. Vestido de ciclista, recorrió la distancia que le separaba del lugar del accidente detrás de dos agentes de la Guardia Civil de Tráfico que tuvieron que apearse de sus motos, atascadas en un terreno blando, y allí, después de identificarse como bombero, auxilió durante media hora al herido más grave que habían rescatado los tres agricultores a los que había escuchado gritar desde la loma. «Sólo hice lo que hago todos los días como bombero, pero vestido de ciclista», decía ayer a este periódico, sin falsa modestia y poco después de recibir en el Palacio Real de Madrid, y de manos del Rey Felipe VI la Orden del Mérito Civil por su comportamiento el día de la catástrofe área.

Junto a Gabino Álvarez Fernández, los agricultores José y Manuel Aguado Prieto-Carreño, el tractorista Alfonso Manuel Alba Martín y el agente forestal Francisco Miranda Escudero —los primeros en ayudar en el rescate de los heridos al igual que el bombero natural del Bierzo—, también recibieron la misma condecoración durante los actos del primer aniversario del nuevo soberano en el trono.

Gabino Álvarez, que ayer se declaraba «abrumado» por el «trato excepcional» del Protocolo Real y por la atención de los Reyes, nació en Pardamaza (Toreno) hace 56 años. Su padre fue minero en Antracitas de Brañuelas y otras empresas de la cuenca del Bierzo Alto en los años setenta, cuando la minería daba trabajo a miles de personas. En aquellos años, su familia residía en Bembibre, donde estudió hasta los 16 años en el instituto de la localidad, «frente al parque Gil y Carrasco». Después emigraron a Barcelona, donde todavía vive su madre, y a los 19 años, le tocó realizar el servicio militar en Sevilla. Ya no se movió de aquella ciudad. Allí se casó, tuvo tres hijas, y obtuvo una plaza de bombero en 1991. Es uno de los más veteranos del parque de Carretera Amarilla, y aunque a partir de los 55 años los profesionales suelen pasar a una situación de segunda actividad, Gabino está en forma y todavía sigue saliendo, como los más jóvenes, a los incendios, o los accidentes de tráfico.

El 9 de mayo hacía deporte con su bicicleta cuando el Airbus A400M se estrelló al poco de despegar. Y con su bicicleta a hombros, atravesó un trigal y llegó hasta el lugar donde habían retirado a los supervivientes del accidente. «Allí estaban los agricultores junto a dos heridos, desbordados, y cuando les dije que era bombero, se les abrió el cielo», contaba ayer. Y vestido con maillot y cullotte ajustado en lugar de su uniforme, hizo lo que le habían enseñado, lo que hace a diario: atender a la víctima más grave mientras llegaban las asistencias médicas.

Ayer, con traje oscuro y corbata azul, estrechó la mano del Rey Felipe VI en el Palacio Real—«si la medalla me la hubiera entregado un político no la hubiera aceptado», reconocía Gabino Álvarez — entre el grupo de 38 condecorados por un monarca que ha querido identificarse con personas llanas, «sin pretensión de protagonismo o notoriedad», según dijo en su discurso, para celebrar su primer año en el trono.

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