A todo trapo por la avenida del Castillo
El descenso de carrilanas reunió a cientos de personas con ganas de diversión.
Una de las carrilanas que daban colorido y emotividad festiva en la bajada hacia el puente.
Llegaron a Ponferrada los autos locos y con ellos la diversión. Cientos de personas se congregaron ayer a lo largo de la avenida del Castillo, frente a la fortaleza templaria y el puente García Ojeda para presenciar de cerca el ya tradicional descenso de carrilanas, que cada año obtiene mayor éxito, y ya cumplió seis ediciones. La imaginación de los participantes a la hora de crear un vehículo sin motor —lo más ligero posible, y lo más estable dentro de las posibilidades de la nueva ingeniería casera— supo conectar con el público, que se divirtió de lo lindo.La salida de las carrilanas estaba frente a la iglesia de San Andrés. Desde allí empezaron a empujar el vehículo los acompañantes del piloto y el espectáculo comenzaba con estampas perfectas en la suave curva que dibuja la calle frente al conocido restaurante Doce Torres.
Desde aquí la caída era ya libre y la velocidad vertiginosa, hasta el punto de que la clave estaba en frenar, no derrapar y salirse de la pista.Hubo verificaciones técnicas y mangas de entrenamiento para hacerse con las propiedades del asfalto. Esta vez, la avenida del Castillo quedó sin vehículos de los de combustible y sólo el sonido de las risas y el murmullo de la gente creaba polución. En este caso sólo acústica dentro de una fiesta que sigue.